Que nadie se engañe, no lo hace por la fiesta

Veamos la secuencia. El Parlament de Catalunya debate desde el miércoles por mandato popular si se prohíben las corridas de toros en esa autonomía. Un ataque más a la esencia de España, según la lógica de Esperanza Aguirre, tras las arremetidas contra la lengua común de los españoles y la aprobación de ese Estatut cuya única razón de ser es resquebrajar la unidad patria.

Rajoy, como corresponde al líder indiscutible del único partido capaz de evitar la balcanización de la piel de toro, carga en unas declaraciones públicas contra la osadía del filósofo Jesús Mosterín en el hemiciclo catalán, en las que  comparó la matanza del toro con otras tradiciones foráneas como la ablación del clítoris. Para el líder del PP, fue un símil “odioso” e “inaceptable”. Aún hizo un esfuerzo más en su natural pusilanimidad, y añadió que el asunto es “para indignarse”, aunque no reveló si llegaría a hacerlo. Es lo que le pierde, que no remata.

Esperanza Aguirre vio el hueco y disparó a gol. Nada de tibias declaraciones, hechos. Que Catalunya persigue los toros y Rajoy no aprecia que es un ataque a España, pues aquí está ella. Declara las corridas Bien de Interés Cultural y las protege como si fueran un museo o un paraje singular.

Pero que nadie se llame a engaño. Los toros son lo de menos. De hecho, este año, Aguirre ha recortado más de un 50% el presupuesto de la comunidad autónoma destinado a los Asuntos Taurinos (existe, sí).

De lo que se trata, una vez más, es de dejar claro que donde algunos titubean, otras ejecutan. En fin, lideran.