Testas coronadas

08 Ene 2013
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Todos los años por estas fechas me invaden la vergüenza ajena y el bochorno vil cuando en los telediarios de todas las cadenas, individuos adultos y profesionalmente obligados a tratar con la realidad todos los días, abjuran de sus principios y de sus neuronas para contarnos con sonrisa cómplice la llegada de los Reyes, a lomos de camello, en carroza o en patinete. Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, así les llaman presentadores y reporteros, son encarnados ante las cámaras por una multiplicidad de individuos con inverosímiles barbas y atuendos indescriptibles. La multiplicidad y simultaneidad de los tres monarcas con sus respectivos acompañamientos suele ser una de las primeras perplejidades de muchos infantes, eso y las citadas barbas de las que a veces emerge una sospechosa gomita y las pelucas ladeadas o las manchas de betún de los baltasares de pacotilla que aún quedan.

Después de la divertida degollación ritual del 28 de diciembre a los santos inocentes les espera cada año esta caravana de adultos disfrazados y puerilizados que les engañan y manipulan con promesas que rara vez se cumplen del todo, hasta que los niños aprenden como primera lección de economía que no pueden pedir todo lo que desean, que la munificencia real tiene sus límites y vaya usted a saber por qué estos límites están relacionados con los recursos de sus progenitores. En este año crítico los telediarios informan que SSMM de Oriente llevarán juguetes de segunda mano a los niños pobres.

Para justificar estos informativos de mentirijillas y carantoñas, aducen sus responsables que se trata de preservar la inocencia de las criaturitas, pero si quieren hacerlo de veras, no deberían dejarles ver los telediarios tan alegremente pues entre rey mago y rey mago se colarán imágenes impactantes de horribles accidentes, víctimas despedazadas en brutales atentados, niños hambrientos y declaraciones de líderes políticos y de ministros de economía. Imágenes y personajes que emponzoñarán sus tiernos corazones antes de que puedan asimilar intelectualmente la que se les viene encima. En la parte positiva algunos de estos niños aprenderán pronto que los telediarios mienten, como sus padres y disfrazan la realidad sin necesidad de barbas postizas, y dejarán de creer en los reyes y en sus magias y a desconfiar de los adultos mentirosos.

Para reforzar la credibilidad de una monarquía en horas bajas y aprovechando la feliz coincidencia del cumpleaños real con la Epifanía de los magos de Oriente, TVE se ha volcado, con impunidad y alevosía navideñas, en una campaña promocional del suegro de Urdangarin y gran cazador blanco, Juan Carlos I, rey de España por la excelentísima gracia de Francisco Franco. La televisión pública y gubernamental, también en horas bajas, entre otras cosas por ser más gubernamental que pública, ha difundido últimamente discursos y mensajes, reportajes retrospectivos pero no tanto y entrevistas, una entrevista del veterano Jesús Hermida que en plena abdicación de su oficio periodístico se abstuvo de preguntarle sobre los negocios del yerno y sus trofeos cinegéticos, dos de las pocas preguntas que los ciudadanos televidentes quisieran que el monarca hubiera respondido ante las cámaras.

En algunos de esos reportajes homenaje de TVE reprodujeron las reales excusas sobre su inoportuna cacería sin entrar en detalles, allí estaba el expresivo y coloquial “Mequivocao” pero no el porqué de la equivocación. La entrevista de Hermida se emitió con algunos cortes, no se tocaron, por supuesto, las reales palabras pero se mutilaron algunas digresiones del entrevistador, tal vez para que la verborrea característica del susodicho no chocara con la frialdad, la cortedad y el hieratismo del entrevistado.

No se si la apreciación popular de la monarquía habrá subido algo a raíz de la campaña mediática de TVE. Que hablen de ti aunque sea bien dice un sabio aforismo, pero lo que verdaderamente cuenta es que hablen mal y en algunos programas frívolos de cadenas privadas comienzan a emerger valoraciones críticas, cotilleos soterrados y comentarios escandalosos. Ese es el vivero de la popularidad. No hay más que ver como han favorecido los escándalos a la permanencia en el trono de la monarquía británica.