ZP y el ébola

Si es usted negro y africano, no tosa en público y evite estornudar en el aeropuerto para no crear alarma social pues, aunque haya pasado los mismos controles que cualquier otro viajero de su misma procedencia, sigue siendo usted un individuo bajo sospecha. Si vive usted en Alcorcón evite ser grabado por cámaras de televisión o fotografiado para cualquier medio si quiere eludir posibles discriminaciones en el trabajo, en los colegios de sus hijos, o en el trato diario con sus conciudadanos. Entre el cúmulo de informaciones sobre el ébola, se ven imágenes del aeropuerto de Praga: un viajero procedente de África, que ya ha pasado el control sanitario y que no presenta síntoma alguno, estornuda y es inmediatamente reducido y transportado en un carro de equipajes, tapado por un plástico negro. La infección viene de fuera, del extranjero, del diferente, del pobre, del otro. Desde que en la Edad Media se culpase a los judíos de la difusión de la peste hasta nuestros días, el miedo no ha cambiado mucho y la alarma social puede dispararse con cualquier colectivo por razones geográficas, religiosas o culturales, o las tres cosas a un tiempo.

La enfermera contagiada en Estados Unidos recibe tratamiento de heroína, la auxiliar sanitaria contagiada en Madrid es denostada y humillada por el máximo responsable sanitario de su Comunidad, inquisidor vocacional y cantamañanas emérito que, a la hora de escribir esta crónica, aún sigue en su puesto, apoyado por un presidente autonómico vicario que nunca tuvo el refrendo de unos comicios. En la televisión autonómica de Castilla-La Mancha, Telecospedal, ironizan con el presunto desliz de Teresa y sabandijas mediáticas como Jiménez Losantos excretan sus venenosas secreciones sobre ella. Raza de víboras, sepulcros blanqueados (repaso mi colección de maldiciones bíblicas y evangélicas, producto de mi educación religiosa -12 años en colegios de curas- y de mi afición a ese magnífico relato coral, a esa obra maestra de la literatura de ficción que se llama Biblia).

En los medios de comunicación más adictos al Gobierno proliferan los denuestos y las descalificaciones, hay una conspiración universal contra el PP que va de Javier Rodríguez a Ana Mato, de Nacho González a Mariano Rajoy. Pero la culpa  de la aparición del ébola en España, según un contertulio habitual de la televisión episcopal, la tiene… Zapatero. En el fondo estoy de acuerdo, la mala gestión de ZP propició la victoria de un partido que aún podría hacerlo peor y que se ha empeñado en demostrarlo. La conspiración, denunciada por José Ignacio Echániz, secretario nacional de Sanidad, para descabalgar al PP del Gobierno de la nación, parece un síntoma claro de paranoia, conspiranoia, como última línea de defensa después de que todas sus barreras exculpatorias fueran barridas por la implacable e insobornable realidad acreditada por los expertos y demostrada por la experiencia diaria. Entre la insolencia y la incongruencia, entre Rodríguez y Mato, la opinión pública parece más alarmada por las declaraciones de las autodenominadas autoridades sanitarias, prepotentes y poco fiables, que por las posibles vías de contagio. Cada vez que abren la boca la paranoia aumenta. Una comisión de profesionales sanitarios ha tomado el relevo para minimizar los daños irreparables producidos en la credibilidad de los políticos. La paranoia no tiene su origen en los taimados conspiradores sino en los mismos sujetos que la denuncian y la contagian. Escuchar las infamias de Rodríguez o los silencios de Ana Mato no tranquiliza a nadie. No estamos paranoicos pero esos conspiranoicos nos persiguen

En el reparto de culpas que diseminan a su alrededor los culpables, según una hipótesis bastante extendida en los foros más cavernícolas, los principales responsables resultarían ser los miembros de la Marea Blanca que alteraron el orden público para alertar a la población sobre lo que estaban haciendo con la Sanidad Pública antes de privatizarla a su albedrío. Si la privatización hubiera sido consumada (los tribunales la han puesto en tela de juicio), el escenario del ébola habría rozado lo apocalíptico. Sálvese el que pague. El 15-M, según los conspiranoicos, también ha tenido algo que ver, Podemos y Pablo Iglesias son culpables, y si no, al tiempo.