Ya que se apaga, no la enciendas más

“Para que sea la televisión de todos y nadie quede excluido, hemos repartido 130.000 decodificadores a personas con menos recursos.” -Miguel Sebastián, ministro de Industria-

              

Llevo años viviendo sin televisor, desde una mudanza en que lo dejé atrás. Así que, como comprenderán, no comparto el entusiasmo con que saludan el apagón de la vieja tele analógica y el triunfo de la digital. En ningún sitio está escrito que el cambio favorezca mejores contenidos, y lo visto durante el tiempo que ya llevan emitiendo los nuevos canales tampoco invita al optimismo.

No creo que el cambio tecnológico se haga pensando en una mejor televisión, sino en las muchas posibilidades de negocio del invento: más espacio para más canales, más facilidades para el consumo -pues la interactividad es ante todo poder comprar con menos esfuerzo y reflexión-, publicidad más eficaz, y por supuesto el gran negocio de fabricantes e instaladores, por la obligación de renovar aparatos -30 millones de sintonizadores vendidos, 1,2 millones de antenas comunitarias adaptadas, y 4,5 millones de televisores vendidos sólo en 2009-; y por la expectativa lógica de que la obsolescencia programada de los nuevos cacharros sea mucho más breve que en los antiguos.

Dirán ustedes: si no tienes televisor, de qué te quejas, déjanos en paz que disfrutemos con la TDT. Vale, pero a mí también me toca pagar, pues el gobierno se ha dejado un dineral en campañas informativas y de promoción, y en todo tipo de ayudas para la adaptación. Así que, como yo también pago la TDT, déjenme que haga un poco de proselitismo.

Ya que se apaga, aprovechen para no encenderla más. Se puede vivir sin tele, se lo aseguro. Ganas tiempo y tranquilidad, y a cambio no te pierdes nada. Si hay algo que de verdad te interesa, siempre lo puedes ver en Internet, en el bar o en casa de un amigo. De todo te acabas enterando, pues es el medio dominante, está por todas partes, en los periódicos, la radio y por supuesto la calle. Otros ya la ven por nosotros, y lo cuentan: a mí me basta leer al genial Roberto Enríquez en la contra de este diario.

Y no se engañen diciendo que la ven pero poquito: con la televisión no cabe un consumo responsable. Con la TDT, menos aún.