Trabajar cansa

Es asombroso esto de la tecnología

"La tendencia es hacia la segmentación de tarifas, algo que tiene lógica de negocio, y las cosas que tienen lógica de negocio acaban imponiéndose." -Francisco Román, presidente de Vodafone España-

.

Han dicho los mandarines de las comunicaciones que a lo mejor ya no es buena idea lo de la tarifa plana sin límite, y aunque luego han rectificado, todos nos hemos quedado con la mosca detrás de la oreja. Ese runrún, que no es nuevo, nos dice que si lo han pensado, acabarán haciéndolo. Es la "lógica de negocio", que hoy es la única lógica aplastante: si de algo se puede sacar (más) dinero, se hará sin duda.

Así que rindámonos a su lógica, y entonemos el mea culpa, que vaya morro le echamos a la vida: pues no que contratamos una tarifa sin límite de navegación y queremos usarla como tal, sin límite. Hala, venga a descargar pelis y ver videos chorras, como si las redes estuvieran para eso y no para cosas serias –es decir, de pago-.

Por lo visto las redes son lo único que se satura en este país en materia de telecomunicaciones. Ni la abultada cuenta de beneficios de las operadoras corre riesgo de saturarse, ni nuestra paciencia por lo deficiente del servicio ni nuestra disposición a pagar más que cualquier europeo, y cada vez más.

Porque hay algo cierto, que supongo estará ya formulado en alguna de esas simpáticas leyes que tanto gustan a los gurús de la cosa tecnológica: cada vez pagamos más, sin que ese incremento sea proporcional a la calidad del servicio. En mi caso, mi factura total por el concepto comunicaciones (telefonía fija, móvil e Internet) crece año tras año. Es verdad que cada vez tenemos más dispositivos, más conexiones y más consumo, pero ésa no es la única razón de que cada vez paguemos más y sobre todo que paguemos tanto, con todo lo que nos prometieron del libre mercado que abarataría precios.

Ya sé que los usuarios también tenemos culpa, que todos mandamos sms innecesarios y no podemos pasar media hora sin bajar el correo estemos donde estemos. Pero yo cada vez que veo la factura me acuerdo de aquel chiste de Forges (cito de memoria), en el que un tipo se paraba en mitad de la calle y mirando su móvil decía: "Es asombroso esto de la tecnología. Con sólo apretar esta tecla me conecto con Tokio y ¡zas!, doscientas del ala que me levantan."