Trabajar cansa

En defensa de la SGAE

"Creo que tenemos enemigos muy poderosos; sobre la SGAE se ha producido la tormenta perfecta: consumidores y medios." -Victor Manuel, cantante y miembro de la directiva de la SGAE-

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Tranquilos, tranquilos, suelten las piedras, que sólo he titulado así para comprobar lo obvio: que la SGAE es la entidad más odiada en España. Uno empieza diciendo "En defensa de la SGAE", y ve cómo los lectores enseñan los dientes y buscan cualquier objeto arrojadizo. Es algo que viene de viejo, pero agravado estos días.

Nada que objetar, pues la SGAE ha cavado su propia tumba. Pero si en vez de "En defensa de la SGAE" hubiese titulado "En defensa de los derechos de autor" o "En defensa de los creadores", ¿también se les habrían afilado así los colmillos? Me temo que sí. No me tirarían piedras, pero me mirarían mal. Porque estos días, a cuenta de la actuación judicial, veo en la calle y en los medios un batiburrillo furioso donde se mezcla todo: derechos de autor, creadores en general, los de la "zeja", canon digital y bodas vigiladas.

Algunos se decepcionarán cuando lean los autos y comprueben que Bautista y compañía no han sido detenidos por cobrar derechos de autor -ni siquiera por hacerlo con chulería-, ni dicen palabra sobre el canon, ni prevén actuaciones contra los creadores –ni siquiera los que apoyaron a ZP-. Y sin embargo, hay en el ambiente un afán vengativo, de querer cobrar cuentas pendientes.

Al margen de ajustes de cuentas, es momento de exigir un cambio a fondo. Porque el tinglado podrido que se montaron entre unos cuantos sólo ha sido posible por un sistema que favorece la corrupción, el clientelismo, la prepotencia y la impunidad. Lo que ahora sale a la luz era un secreto a voces, pero ha tardado años.

Con independencia de en qué quede todo, hay que cambiar la gestión de los derechos de autor –que seguirán existiendo, aunque enchironen a Bautista-. El actual sistema, en manos privadas y con escaso control, no sólo es impopular, sino que favorece prácticas delictivas. Hay que buscar otro, y los primeros interesados deberían ser los autores, incluidos los que hacen piña y se sienten víctimas de poderosos enemigos, y que son los más afectados por el descrédito que la SGAE ha extendido al mundo de la creación.