Traducción inversa

Banqueros en Davos

Davos es una comuna suiza del cantón de los Grisones. En los últimos años ha adquirido fama por albergar el Foro Económico Mundial, una fundación sin ánimo de lucro por donde se pasean tipos cuya vida está regida por el ánimo de mucho lucro. El municipio, además, es famoso por los sanatorios: la burguesía europea solía enviar allí a sus hijos tuberculosos, con la esperanza de que el aire serrano les mejorase la salud. Thomas Mann ambientó su fascinante novela La montaña mágica en este escenario congelado, pero sus personajes poco tienen que ver con estos banqueros o economistas que vienen aquí ahora a explicarle al planeta qué debe hacer para salir con éxito de la crisis.

Me gustaría ver otra vez en Davos  a Hans Castorp fumando impertérrito sus Maria Mancini bajo una manta de piel de camello, al doctor Krokowski disertando sobre el amor, a Clawdia Chauchat entrando en el comedor dando su característico portazo o a Settembrini y Naphta concentrados en su discusión interminable. En su lugar, sin embargo, estos días hemos sabido que se han presentado allí los representantes de Goldman Sachs, JP Morgan, UBS o Citigroup para avisar –que parezca un accidente- de que la excesiva regulación financiera puede perjudicar al crecimiento.

Creo que con eso nos hemos quedado todos más tranquilos. Los tuberculosos de antaño han sido sustituidos por los representantes de una nueva enfermedad, la avaricia. No tuvieron bastante con provocar la crisis: ahora quieren enseñarnos a salir de ella. Hace falta otro Thomas Mann que de cuenta de este fin de época. Sin ninguna misericordia, por supuesto.