La trama mediática

Convergencia Popular

El cuento de la lechera en adaptación libre de La Razón: "¿Y si los votos de Ciutadans fueran al PP? El partido de Rajoy habría alcanzado los 24 escaños", se pone los dientes largos en primera el periódico de la mancheta azul. En el interior, Cefas continúa la ensoñación y sube la puja: "El sentido común ha convertido al PP en la tercera fuerza. La unión con Ciutadans hubieran sido cerca de 25 diputados". Ya, y con los del neofascista Anglada, 27.

En las mismas páginas, a José Antonio Vera le sobran las cuentas para proclamar vencedora indiscutible a la candidata del PP. "Hay lideresa", titula su pieza, en la que le canta tal que así las mañanitas a Sánchez-Camacho: "Alicia, de padre guardia civil y sentimientos muy españoles, se ha integrado magníficamente bien en la comunidad." No les bajen de la nube, que hasta Alfonso Ussía está por pedir un carné honorario de su hasta anteayer despreciada CiU: "España, a partir de Cataluña, ha recuperado el viento que sopla en Europa. Un centro-derecha liberal que nos acerque a la salvación económica. Bien por Cataluña".

¿Seguro que bien? A Luis María Anson, que tiene más mili opinadora que los anteriores, no se lo parece. "La verdad pura y dura es que el secesionismo ha ganado las elecciones en Cataluña", echaba un manguerazo de agua fría a los ilusos desde El Mundo. Y añadía: "El centro derecha español se recrea tórpidamente con los resultados electorales. Se extasía regocijado ante el esplendor. No quiere darse cuenta de que se trata del esplendor del incendio".

Antes rota que roja

En ABC, Tomás Cuesta adoptaba el mismo papel de despertador de soñadores: "Sus 62 diputados dan a CiU el mayor éxito político de su historia. Que es la historia de la corrupción en Cataluña". Casi molesto, el editorialista del vetusto diario parecía contestar a los agoreros. Todo eso ya lo saben y no les aflige: "El nuevo Parlamento catalán es más nacionalista, pero también más liberal y conservador, y es lo que importa en este momento". Toma realpolitik. O sea, España, antes rota que roja.

A Carlos Dávila también le parece que la victoria soberanista es precio de amigo si manda al pozo a Zapatero, a quien le atizaba desde La Gaceta este pescozón con comparación atrabiliaria adosada: "Parece que no le creen, así, genéricamente, ni sus propios parientes. Al lado tiene a Rubalcaba: pensar que éste le va a guardar la espalda es más tonto que cenar a la hora de desayunar".