Judeomasones en el Vives

Como es sabido, los conejos tienen la perversa costumbre de arrojarse contra las escopetas. Ha vuelto a ocurrir en Valencia, como recoge el indignado editorialista de La Razón, que titula su pieza —¡toma ya!— “Acoso a la policía”. Ese chaval de gafas al que todos vimos golpear con su cara en la mano de un uniformado debería ser enviado a Alcatraz. Eso no se hace, hombre: “Minar la credibilidad [de las Fuerzas de Seguridad del Estado], su prestigio o su dignidad con acusaciones infundadas supone un grave deterioro de la convivencia y daña la imagen exterior de España”.

En el pecado llevan la penitencia los alborotadores alevines. De mayores no podrán ser columneros de Libertad Digital como el niño bien Pablo Molina, que les hace un corte de mangas sin arrugarse el camisero de Lacoste: “Los xiquets del Luis Vives y sus compis de ‘insti’ van a salir con una preparación nada envidiable. A menos que se cree la licenciatura en perroflautismo, algo que conociendo la universidad pública española no habría que descartar, las arrocerías de la costa valenciana van a tener exceso de mano de obra en unos pocos veranos”.

Antipatriotas y viciosos

Paternalista, Salvador Sostres se dirige desde El Mundo a la chavalada confusa para que no atiendan los cantos de sirena progres. En el patriotismo está la salvación, queridos infantes: “El forofismo es estéril pero el patriotismo profundo que consiste en anteponer las necesidades nacionales a los vicios propios, y los esfuerzos colectivos a las miserias personales ha salvado a grandes naciones del desastre”. A clase a pasar frío, so viciosos. Que es por el bien de la nación.

Al editorialista de ABC, sin embargo, no se la dan con queso. Esos chavales son figurantes a sueldo de la mano negra y peluda que está detrás. “La primera trampa de la izquierda”, encabeza una soflama que contiene lo que sigue: “Los incidentes de Valencia estaban planificados. Fueron consecuencia de unas manifestaciones ilegales seguidas de provocaciones a los antidisturbios, de agresión a la paz ciudadana y de daños a bienes públicos. El objetivo es claro: proyectar una imagen de violencia que no existe en España”.

Otra vez el contubernio judeomasónico. Y como cómplice inesperado, el ministro de Interior. Exclusiva de La Gaceta, que berreaba en primera: “La izquierda y los sindicatos se aprovechan de una torpeza de Jorge Fernández Díez”.