La trama mediática

Lo fúnebre y lo funesto

¡Al rico panegírico fraguista! Los tienen de todos los tamaños y todos los sabores. "Adiós a un gran hombre de Estado", plañe La Razón en su enlutada portada digital. Entre desgarradores jipíos, el editorialista retrata al finado como "un gigante de la política que puso todas sus energías y su enciclopédico conocimiento al servicio de la democracia y de la reconciliación entre los españoles". Llamados de urgencia, los opinateros más granados se aplican al obituario. Entre ellos, cómo no, el inefable biógrafo de Franco, Luis Suárez, que no desaprovecha la ocasión: "Queda de él un recuerdo que es algo más que una simple memoria histórica".
Por ahí supura también la herida del cachorro de Don Manuel, José María Aznar. "Se ha impuesto entre nosotros una manera extraña de mirar nuestro pasado. Una forma sesgada, desmemoriada y falsa", escribe con bilis hirviente en la tercera de ABC, antes de lanzarse a la hipérbole necrológica: "Con Manuel Fraga muere un patriota, un servidor de España. Se nos ha muerto a todos. Porque un hombre de Estado no vive ni muere de un modo ordinario. Un hombre de Estado vive y muere para todos a los que hizo suyos". Ya sé cómo me dices.

Rajoy y la Historia generosa

No se iba a perder el festín funerario Mariano Rajoy y Brey, que con premura (¿o con antelación?) había hecho llegar a todos toditos los papeles diestros una entregada elegía titulada "El amor a España, la pasión por la libertad". En su ilustrativo final, el domador de primas de riesgo dice que al duelo "se unirán una inmensa mayoría de españoles: los mismos que saben con cuánta generosidad será juzgado Manuel Fraga por la Historia". Más que nada, porque ya se sabe quién se encarga de escribir la tal Historia.
El Mundo pedrojotiano se une al cocodrileo con un editorial de aliño: "La derecha pierde a un referente y España a un líder enamorado de su país que, con luces y sombras, hizo siempre lo que consideró mejor para su nación. Desde ese punto de vista fue, sobre todo y antes que nada, un patriota". Que se lo digan a Julián Grimau, las víctimas del 3 de marzo de Vitoria, las de Montejurra y tantas otras.
Hasta la nueva remesa de loas lúgubres que vendrán mañana, quédense con la más atinada, obra involuntaria de Alfonso Ussía en La Razón. Involuntaria, porque su texto iba de otra cosa, pero su título parecía talmente para la ocasión: "Justicia burlada". Y tanto.