Un paso al frente

¡Quién fuese cura... o chino!

En los últimos tiempos hemos asistido a confesiones como las que se han producido en el Ejército chino, en el que la corrupción ha alcanzado a su número dos. También hemos vivido procesos reformistas como el que se lleva a cabo en la Iglesia Católica, en la que el Papa Francisco ha sido catalogado como santo por Elton John en unos halagos más que justificados —a mi entender— por la enorme batalla que ha comenzado.

¡Quién lo diría! Jamás hubiese pensado que el Ejército chino o la Iglesia Católica serían paraísos avanzados inalcanzables para el enrocado Ejército español. Aquí seguimos sin un alto mando afectado por corrupción en los últimos 25 años, que han sido los de la corrupción sin límites...

En nuestras Fuerzas Armadas, los casos de corrupción se suceden a pesar de la fuerte censura en los medios de comunicación, que los van contando con mucho cuidado y sin darles excesiva cobertura.

La auditoría en Getafe, publicada en septiembre, creo que es bastante esclarecedora: 600.000 euros anuales sin ingresar en el Tesoro, desvíos de fondos públicos, unos 500.000 euros anuales sin justificar, contratos inflados (en cantidades de hasta medio millón de euros), concursos amañados, comensales fantasma, 2.400 kilos de embutidos o sospechosos atracones de aceite y pan que encubrirían compras de 360 botellas de vino, 456 de cerveza, 252 de cava o 160 de alcohol de alta graduación. Total, nada, pequeñas minucias. El caso de las mudanzas en las que se imputaron a casi 50 mandos no resultó un escándalo, aunque lo realmente grave era que debería haber casi 2.000 imputados, pero hubo un acuerdo con la Fiscalía. Así, la institución sale menos dañada, ya se sabe.

Casos similares se podrían encontrar en los tres ejércitos si se hiciera una auditoría en ellos, pero los altos mandos se niegan a tal concesión, aunque la misma casa real de la mano de Felipe VI haya iniciado ese camino y prometa una auditoría externa y pública anual. Si nos vamos a la Armada, en ella se ha descubierto recientemente un alijo de cocaína de 127 kilos —más 20 kilos que se vendieron en Miami— en el buque Juan Sebastián Elcano. Lo peor del caso es que ni siquiera los descubrimos nosotros, porque nuestros controles internos son casi inexistentes, sino que fuimos avisados por las autoridades norteamericanas.

La falta de controles se añade a la sensación de inoperancia de una justicia militar que parece conformarse con llegar a lo mínimo de lo mínimo y, en cualquier caso, intentar proteger siempre a la institución. Es como cuando vemos a nuestros políticos plantear reformas en materia de corrupción y da la sensación de que si no hay una petición popular ellos seguirían en las mismas o que tras las concesiones muchas veces se esconde letra pequeña. Nadie ha investigado si semejante tráfico de drogas es un caso puntual o se ha producido en más ocasiones y/o en más embarcaciones. Esa actitud de la justicia militar es, a mi juicio, lo más alarmante de la situación.

La respuesta ofrecida por el JEME o el JEMA —los generales del Ejército y el Aire, mientras que del general de la Armada nada se sabe— poco o nada tienen que ver con las confesiones del segundo mando del Ejército chino o la batalla abierta y sincera del Papa Francisco por reformar una institución que amenazaba tanto descrédito como nuestras Fuerzas Armadas. Incluso se encuentran muy por detrás del perdón público ofrecido por Mariano Rajoy. Las Fuerzas Armadas son otro mundo y lo que allí —o aquí— sucede es made in FAS.

Tal es la situación de crispación, que hablando con fuentes de la Asociación de Militares de Tropa y Marinería (AMTM) nos trasmiten el malestar por la misiva del JEME e, incluso, que varios militares se han negado a leer la misma en sus respectivas unidades por considerarla una tomadura de pelo. Es más, en las redes sociales los ataques a la misma han sido furibundos, a pesar de los ingentes esfuerzos de la cúpula militar por amordazar todo lo posible la libertad de expresión.

Muchos soldados no comprenden que países como Alemania mejoran la conciliación familiar y las condiciones de vida de sus militares con inversiones por valor de 1.000 millones de euros, mientras que en las Fuerzas Armadas la principal preocupación pasa por comprar, comprar y comprar.

La deuda existente es de 30.000 millones de euros por los PEAS (Planes Especiales de Armamento: Eurofighter, Leopard, A400M, S-80, F-100... etc.), los cuales se están pagando mediante incrementos extraordinarios en los meses estivales, por lo que pasan desapercibidos para los medios de comunicación y son calificados por muchos como auténticas estafas.

Esto es así porque el Ministerio de Defensa se encuentra en situación de colapso financiero (dedica el 77% del presupuesto, unos 6.000 millones de euros, a pagar al personal y la enorme macrocefalia o excedente de oficiales que sufrimos) y no puede afrontar el pago de dichos planes de armamento, entre los que se encuentran el submarino que no flota, el carro de combate que no puede ser aerotransportado o el blindado con problemas en el cañón (todo este disparate ya suma 10.000 millones de euros). Por no hablar que mucho de este armamento ha sido comprado para escenarios en los que nunca se van a utilizar.

A este panorama, se suma la noticia reciente de otros 10.000 millones de euros en armamento que se van a invertir en los próximos años. Esta inversión, cuando solo queda un año para terminar la legislatura, nace de nuestro ministro de Defensa, Pedro Morenés, el cual también fue el artífice de la anterior compra por valor de 30.000 millones de euros cuando era secretario de Estado de Defensa (hace una década), antes de pasar a trabajar en la industria armamentística. Allí se hizo famoso por ser de director de MBDA o representar a la empresa Instalaza S.A., la que según The New York Times suministró a Muamar Gadafi las bombas de racimo que éste usó contra su propia población.

Estudiando el caso de Pedro Morenés, es fácil encontrar el motivo por el que el Ministerio de Defensa denegó en junio la propuesta de UPyD para cerrar las puertas giratorias (trabajar en Defensa autorizando o participando en compras y después obtener puestos cuantiosamente remunerados en la industria armamentística a la que se le han concedido las mismas).

Si la sociedad y los medios de comunicación aparecen impertérritos ante esta cascada de escándalos, de forma incomprensible para mí porque se trata de un problema mayúsculo y cuya factura van a pagar los ciudadanos (ya van más de 40.000 millones de euros sin contar los 2.000 millones de euros anuales que nos puede costar el excedente de oficiales), los militares están a punto de la explosión.

Son más de 10.000 militares de tropa los que han causado baja en los últimos años y, por ello, son muchos los militares temporales que ya empiezan a intuir que serán abandonados a los 45 años de edad con una mano delante, otra detrás y los churumbeles correteando tras ellos (nada de paga para los reservistas porque se presume que no habrá dinero para ello).

Todo ello sumado a la corrupción, los abusos y los privilegios de los altos mandos hacen que la situación empiece a ser insoportable. Tal es así, que las asociaciones de militares de tropa como AMTM o ATME y la organización OATM se están planteando movilizarse a finales del mes de noviembre porque se sienten menospreciadas por el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas (COPERFAS) y no comprenden que a los militares de tropa se les siga tratando de esta forma.

A día de hoy, los militares españoles no son militares profesionales como tal, sino reclutas encubiertos a los que se abandona tras 27 años de servicio. ¿Qué otro trabajador público tiene semejantes condiciones? En esta lamentable e incendiaria situación, esta semana ha vuelto a surgir en la red el caso de la soldado que según su capitán fingía una lesión, pero que le fue extirpado un pecho debido a un cáncer de mama. Este tipo de sucesos son golpes muy duros para la moral de los militares y la credibilidad de la institución. Lo peor de todo es que nadie rectifica y a la pobre ni siquiera le han retirado el arresto que le impusieron por fingir.

A muchos nos gustaría ver que alguien admite errores, que alguien se plantea realizar análisis o auditorías, que alguien piensa en reformas o en la modernización, que alguien determina conceder a los militares temporales la condición de militares de carrera, pero lo que nos encontramos es que en lo único que se piensa es en las compras, en las compras, en las compras... y en el puestecito a conseguir una vez se pase a la reserva o el retiro en Santa Bárbara, EADS CASA, INDRA, NAVANTIA, INSTALAZA...

Volviendo a Alemania, la que debería ser un referente, allí se vivió una situación que podría compararse —salvando las enormes distancias y con mucho cuidado, que no quiero decir que la situación sea la misma, solo que guardan similitudes— con la que en la actualidad viven las Fuerzas Armadas Españolas y terminó con el caso Krupinski y Franke (ni más ni menos que en el año... 1976).

En el Bundeswehr o Ejército Federal se vivía una situación complicada, a medio camino entre el pasado y el futuro —en ese limbo nos encontramos nosotros 40 años después—, y consiguieron superarla gracias a la progresiva transformación de la profesión militar, en la que el Ejército Federal está abandonando a pasos agigantados las estructuras militares tradicionales para convertirse en una Bundeswehr de técnicos y universitarios, con lo cual se garantizaría a mediano plazo su entronque más firme en una sociedad pluralista.

Quizá, en mi opinión, eso es lo que necesitamos aquí en España, avanzar hacia unas Fuerzas Armadas más técnicas, universitarias y plurales donde la oficialía diluya su número y su actual homogeneidad ideológica a favor de técnicos y universitarios, de los que a día de hoy hay una gran disponibilidad en el mercado laboral (lo que significaría también abandonar el costoso y ruinoso proyecto de la Universidad de la Defensa y externalizar gran parte de la formación militar).

Supongo que nunca se optará por una opción similar, a pesar del considerable ahorro en formación que se conseguiría y la posibilidad que otorgaría de solucionar el enorme problema de la disfuncionalidad ideológica entre la cúpula militar con el resto de la sociedad o sus propios militares.

Ello no creo que suceda porque entonces peligraría el puesto de trabajo de los hijos de los actuales altos mandos y más que mirar por España, la cúpula militar mira por sus vástagos. Hasta tal punto es así que en la actualidad el excedente de altos mandos podría situarse en casi el 90% (tenemos un oficial por cada dos soldados y un cuadro de mando por cada militar y medio de tropa).

Si quisiéramos avanzar hacia estas Fuerzas Armadas, más técnicas y universitarias, se antoja imprescindible derribar los actuales sistemas de acceso a las Fuerzas Armadas y eliminar todos los puntos de unión de la endogámica cúpula militar (residencias de veraneo, clubes militares, viajes a Europa, campos de golf, campamentos...).

Sería el equivalente de abandonar a pasos agigantados las estructuras militares tradicionales y ya de paso, ahorrarnos el coste, que aunque ridículo en términos globales, se antoja necesario en unas Fuerzas Armadas que a día de hoy disimulan para no pagar a los soldados las dietas por las maniobras, les trampean con días de continuadas y mezquindades similares o tienen carros de combate en hangares porque carecen de combustible para moverlos.

Por otro lado, también podemos seguir envidiando el coraje del Ejército chino o la Iglesia Católica al reconocer y afrontar sus problemas, lo que aseguraría la continuidad de las familias militares tradicionales... Y seguir comprando, y comprando, y comprando...