Un paso al frente

En el armario de las Fuerzas Armadas hay demasiados uniformes

Es un tema tabú el de la homosexualidad en las Fuerzas Armadas y, quizás, sea un ejemplo de la situación en la que se encuentran ya que en el trato hacia los homosexuales se puede percibir con claridad que el machismo y el clasismo siguen plenamente vigentes, pero también la existencia de una disfunción ideológica entre los mandos y el resto de los militares.

Por un lado, hay una enorme cantidad de lesbianas entre las mujeres, lo que es aceptado con una singular normalidad. Este hecho creo que resulta sorprendente en el seno de instituciones como las Fuerzas Armadas o la Guardia Civil, al menos desde la perspectiva de una mayoría de los ciudadanos que no se imaginarían tal aceptación. Se supone que el motivo de la misma es porque una lesbiana es una machorra y dicho perfil es aceptado como óptimo por los altos mandos, siempre que sea tropa claro. Si hablamos de un suboficial o un oficial, la cuestión es bien diferente pues lo de no ser heterosexual en esos niveles son palabras mayores. Así, las lesbianas que son soldados viven su sexualidad de forma (más o menos) abierta pero aquellas que son oficiales lo esconden porque saben que serían repudiadas por sus compañeros, en su mayoría conservadores.

En cuanto a los hombres, un homosexual es una maricona y está mal visto se mire como se mire, y a mayor graduación, mayor es el rechazo. Por ello, los gais llevan su sexualidad de forma furtiva, lo que no deja de ser un contraste con las lesbianas, aunque se supone que este lamentable hecho encaja mejor en el prototipo de mentalidad que la mayoría asociaríamos a la cúpula militar.

Creo que resulta evidente que existe una disfunción ideológica enorme entre los mandos y la tropa, siendo el resultado final que entre la tropa la homosexualidad está tan aceptada como en la sociedad. Por ello, he tenido varios compañeros gais que vivían su sexualidad con naturalidad entre los compañeros pero oculta de cara a los mandos.

Como no podía ser de otra forma y pensando en el prestigio de la institución, lo que en ningún caso se tolera por parte de los altos mandos es que dicha sexualidad sea pública. Todos los que cometieron el error de significarse en los medios de comunicación fueron perseguidos de forma inmisericorde, como le sucedió al teniente coronel José María Sánchez Silva, al que un compañero le dejó una nota en la que se podía leer que la homosexualidad era peor que los cuatro jinetes del Apocalipsis juntos. La justicia militar pasó de puntillas por el asunto sin que lo considerase ni tan siquiera un falta leve, lo que abrió la puerta a que otros compañeros comparasen ser homosexual con el cáncer de próstata o le mostrasen su máximo desprecio por su condición sexual.

Un caso particular es el de María Pachón, la primera transexual en el Ejército, que califica su experiencia como muy positiva tras unos comienzos complicados, lo que se debe a su condición de soldado (desde mi punto de vista, claro). En las Fuerzas Armadas, debido al clasismo que impera, se considera normal que la tropa pueda tener vicios que bajo ningún concepto se tolerarían a un cuadro de mando, sobre todo, si este es oficial. Por otro lado, no es menos cierto que el Ejército del Aire es el de condición más liberal, lo que le genera bastantes reproches y desprecios por parte de los otros dos ejércitos (Tierra y la Armada). Es, en cualquier caso, un motivo de satisfacción que no haya sufrido persecuciones por su condición sexual.

No tuvo tanta suerte como María el sargento primero de infantería Domingo Díaz Real, que terminó denunciando «mobbing» o acoso laboral llegando a sufrir ansiedad e insomnio. El primer militar gay que se casó, el soldado sevillano Alberto Linero, no fue renovado por las Fuerzas Armadas, denunció su expulsión y, según él, se sintió presionado desde el gabinete del ministerio de Defensa para que no hiciera pública su boda, lo que extraña dado que entonces gobernaba un partido de izquierdas. Esas presiones y el desamparo que sintió, terminaron por hacerle sentir decepcionado y desencantado con el PSOE.

A Joan Miquel Perpinyà, guardia civil, le abrieron expediente tras expediente hasta que le expulsaron, todo porque era homosexual y miembro de la AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles), con lo que tenía todos los defectos que un guardia civil no puede tener bajo ningún concepto: maricón y sindicalista.

Al repasar estos casos resulta palpable que salir del armario sale muy caro en las Fuerzas Armadas y que los que lo hacen son perseguidos o expulsados, como cualquiera que se oponga de una u otra forma al sistema. Lo que resulta incomprensible en el siglo XXI es que ser homosexual y vivir tu vida de forma normal suponga enfrentarte al sistema y ser triturado por la picadora de carne, lo que es bastante revelador de la necesidad de un cambio en la cúpula militar. Todo esto no sorprende si tenemos en cuenta que a día de hoy se está hostigando a aquellos que pulsan me gusta en determinadas páginas de Facebook o leen libros prohibidos (Un paso al frente), dinámica que termina por convertir el que se acose a un uniformado por su condición sexual en desesperantemente normal, con todo lo que ello conlleva.

En el armario de las Fuerzas Armadas todavía quedan muchos uniformes, más de los que muchos desearíamos, creo que ha llegado el momento de abrirlo...