Opinion · Un paso al frente

Margarita Robles, con las catástrofes humanitarias no se trampea

Estimada Margarita Robles:

Me resulta un placer incomparable, y quizás irrepetible, poder dirigirme a Usted después de tanto tiempo. Antaño, antes de convertirse en ministra de Defensa, coincidimos alguna vez, aunque no departimos. Por aquel entonces, Usted apoyaba a los denunciantes de corrupción, se dejaba ver con ellos, incluso les hablaba o parecía que se preocupaba sinceramente por su situación y su futuro. Eran otros tiempos, momentos de oposición en los que su teléfono estaba disponible para ellos. Hoy se encuentra apagado o fuera de servicio.

Pero no pretendo incomodarla con asuntos del pasado harto vulgares e insignificantes para una ministra. Ni tan siquiera vengo a referirme a la entrañable y numerosa hermandad franquista que, si un día se terciara, nos abrocharía unos cuantos taponazos a más de uno con toda la educación que la Academia Militar les entregó y toda la piedad de la que Dios les hizo partícipe. Resultaría entonces del todo improcedente, incluso maleducado, como cuando se recuerdan episodios pretéritos socialistas de los que algo tendría que decir y saber.

A lo que voy, sin más preámbulos, lo que me obliga a esta misiva, es un asunto bastante más importante y peliagudo. Acabo de leer, con gusto y con disgusto, que su Ministerio, y entiendo que algo ha tenido que terciar en el negocio, canceló el lunes 3 de septiembre la venta de 400 bombas de precisión a Arabia Saudí por valor de 9,2 millones de euros. Decisión meditada, intuyo, durante el pasado mes de agosto cuando los saudíes bombardearon varios autobuses escolares en Yemen que se dirigían a un campamento de verano. Y lo hicieron, no sería inteligente omitirlo, con una precisión y una profesionalidad fuera de toda vacilación: 40 niños perecidos entre los más de 120 muertos y heridos.

He de apuntar, para gloria de su Ministerio, que no fue casualidad tanta efectividad, tanta profesionalidad, pues son los saudíes, gracias a su formación recibida en España, muy diestros en lo concerniente a arrasar colegios, hospitales o mercados, hasta el punto de superar los más de 10.000 civiles masacrados.

Catástrofe humanitaria que, hasta la fecha, han celebrado con deleite y regusto tanto Felipe VI, como Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal o el añorado Pedro Morenés. ¡Y no lo ha hecho menos el rey Emérito, ese que tan bien nos representa en corruptelas, asuntos turbios y eventos públicos e íntimos! De no ser así, no se comprende muy bien que desde el año 2015, año en el que los saudíes decidieron sembrar el terror en Yemen, hasta hoy, España haya exportado material bélico por valor de 932 millones de euros a Arabia Saudí, de ellos 270 millones de euros solo en 2017. Entre el material mercadeado se pueden encontrar bombas, plataformas portamorteros, granadas de mortero o munición de artillería. Todo muy democrático y europeo.

No solo eso, ya que si contáramos lo exportado también a los aliados saudíes que colaboran amigablemente en los crímenes de guerra perpetrados por los amigos de nuestra Familia Real, la cifra llegaría a los 1.200 millones de euros.

Cantidades que, no me extraña, le hagan reír a Felipe VI a carcajadas cada vez que recibe la visita de algún criminal saudí, esos a los que considera casi hermanos, máxime si tenemos en cuenta el constante runrún sobre las comisiones en la venta de armas, petróleo u otras. Baste acudir a cualquier mentidero de las Colonias Periféricas, en la Capital tales observaciones están prohibidas, para escuchar a las malas lenguas afirmar que los Borbones ponen el cazo en todo negocio y corruptela habido y por haber. Y no hablo de la Infanta Cristina, Dios me libre, finalmente declarada inocente por la suerte de un sistema judicial independiente, justo y admirado en todo país al que sus hazañas llegan.

En fin, a lo que iba, que me desvío y le hago perder su valioso tiempo como ministra. El caso es que Usted bien sabrá, porque es versada y no es Borbón, que la cancelación del material bélico que ha ordenado solo supone el 1% del material total vendido a Arabia Saudí. E imagino que será conocedora que tanto Suecia como Canadá, Finlandia, Bélgica o Alemania han paralizado la venta de armas al país saudí. No menos ilustrada la imagino en la solicitud del Parlamento Europeo en noviembre de 2017, hace casi un año, para el cese de la venta de armas a Arabia Saudí ante la continua vulneración del Derecho Internacional Humanitario perpetrado en Yemen.

Por todo ello, le solicitaría que las operaciones cosméticas las limiten al terreno patrio. Lo de la exhumación del fiambre para hacernos creer a todos que se termina el franquismo resulta hasta gracioso, sobre todo si tenemos en cuenta que su ministerio ha ratificado tanto a la cúpula militar, que de franquismo algo respira, como a los dirigentes del CNI. Esos que, para qué recordar, en tan buenos asuntos andan metidos.

Porque la cosmética en asuntos de la política no es nada más que el valioso arte de embaucar que tan bien dominan ustedes. Como cuando prometieron a los soldados que impedirían sus despidos o como cuando garantizaban a los denunciantes de corrupción protección y ahora no responden ni al teléfono ni a unos ni a otros. Pero en Yemen lo que se vive es una catástrofe humanitaria, un auténtico desastre que acumula más de 10.000 muertos y 19 millones de personas necesitadas de ayuda. El maquillaje en este caso no es cosmética política es tanatoestética de muy baja calidad moral y, aunque política conocedora de cuernos, cornadas e incógnitas, no la considero ni la consideraba de tan mal gusto.

Así pues, si quieren seguir vendiendo material bélico a los saudíes para que continúen arrasando ciudades y exterminando civiles, háganlo; si lo que desean es cesar en la venta de armas a esos salvajes tal y como han hecho los países más democráticos, avanzados y respetuosos con los derechos humanos, háganlo; pero, por favor, absténgase de ilusionismo alguno con la mayor catástrofe humanitaria del planeta.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.