Opinion · Verdad Justicia Reparación

Felicidad

Por Horacio Sainz Ollero, miembro de La Comuna.

1.- Persona feliz. Que tiene felicidad.

2.- Que causa una grata satisfacción espiritual y física

Dicen los que saben de las palabras y sus significados -me refiero a muchos señores y pocas señoras que forman parte de la Academia de la Lengua- que Felicidad es aquello que causa esta grata satisfacción espiritual. Aceptando que así sea, la asistencia reciente a una proyección de El Silencio de Otros en un colegio madrileño resultó ser una excelente medida para acercarme a dicha felicidad.

En una sala llena, chavales y chavalas de 14 y 15 años ven la película. Se enfrentan a un documental que no escatima denuncias ni horrores, que muestra lo que supuso la guerra civil 36-39, los fusilamientos, los entierros en fosas comunes a la vera de los caminos o de las tapias de los cementerios, que resume en unos pocos minutos – excelentes y didácticos minutos- la larguísima dictadura con sus grandes actos fascistas en la plaza de Oriente, primero con Franco brazo en alto y años después con Franco y el nombrado como Rey Juan Carlos ambos brazo fascista en alto. Como espectador -conozcas o no ese pasado, lo hayas vivido o solo hayas escuchado a otros contarlo-  sufres. Sufres por la barbarie de la guerra, por los fusilamientos, por las penurias, las torturas de todo tipo, la violencia contra las mujeres, los campos de concentración…

Y luego asistes a la llamada “fiesta de la Democracia”. Llega el año 76, llegan los partidos políticos, la Constitución, las Cortes y sus diputados. Y ves en la pantalla  -porque estás viendo una película- al Sr. diputado Arzalluz, que con pasión digna de mejor causa, y aplaudido por los que le escuchan, dice que La Ley de Amnistía es el punto y final para la reconciliación entre españoles. Ese bello final con música de violines y voces angelicales que tantas y tantas películas anteriores nos han acostumbrado a ver y escuchar antes de levantarnos de la butaca, y que la película expone en toda su crudeza negada.

Pero luego El Silencio de Otros avanza en el tiempo. Y siguen pasando los años, que son los años de nuestra vida, y el país  -con el beneplácito internacional y el cómplice silencio de los que han conseguido blanquear su pasado y proclamarse “demócratas de toda la vida”- parece navegar con el viento en popa procedente de Europa y a toda vela.

Pero los problemas siguen estando, enterrados bajo tierra o bajo resmas de legajos y documentos. Y cuando por fin parte de los españoles comprueba que “muerto Franco no se acabó la rabia”, la película comienza a mostrar la peripecia vital de los innumerables colectivos de víctimas de la dictadura que emergen, se organizan y reclaman que los conceptos de Verdad y Justicia siempre vayan acompañados por la necesaria Reparación por el daño causado.

Y llegamos al 2010, y a los intentos de juzgar en España a los Ministros o cargos de los aparatos del Estado -que es nuestro objetivo-, se suma la opción de presentar querellas en Argentina. Y vemos, acompañamos, asistimos al trabajo realizado en los pueblos de España para desenterrar a sus muertos y enterrarlos con dignidad, a los viajes a Argentina, a la lucha de las mujeres por denunciar los robos de sus bebés, a los éxitos y los fracasos de los años transcurridos hasta el presente.

Cuando termina la película, en todas las salas en que se estrena, en todos los países y países en los que se ha visto, en las grandes y las pequeñas salas, en las ciudades y en los pueblos, en este pequeño colegio, los espectadores respiran aliviados. Y no porque este mundo en que vivimos sea Justo, Solidario y Amable – que no lo es-  sino porque El Silencio de Otros acompaña la lucha, las vicisitudes de una serie de Mujeres y Hombres reales, que desde la verdad de sus nombres y apellidos narran a cámara sus ilusiones, su lucha y sus miedos.

Es cine, cine documental, cine que muestra las emociones reales de las víctimas que decidimos ser partícipes de este maravilloso proyecto que han encabezado Almudena y Robert. Es cine en estado puro. Cine que emociona, cine que se ve con el cerebro atento pero el corazón afligido.

¿Cómo no emocionarse hasta las lágrimas cuando una madre narra que le fue robado un bebé en los minutos posteriores al parto? ¿Cómo no temblar de dolor, y de ira, cuando se narra en primera persona lo que la policía, en la detención y luego en comisaría, empleaba para torturar y quebrantar hasta el límite a las mujeres y hombres detenidos por luchar contra la Dictadura? ¿Cómo no sentir aprecio, cariño, empatía, por esas hijas que han seguido toda su vida buscando desenterrar los restos de su padre o madre, tirados sin identificar en cunetas o tumbas improvisadas?

Cine con mayúsculas. Cine capaz de narrar una historia compleja, coral, dando la voz a personas y colectivos que siempre hemos estado marginados de la primera fila de los titulares de prensa.

Cine que es capaz de interesar a amplias capas de la población. Cine que aprecian las gentes jóvenes, nacidos a partir del 80, y que no conocieron el largo y oscuro túnel del franquismo ni estudiaron en las escuelas nada o casi nada de lo que sucedió en España. “Me han robado mi historia”, afirma un chico indignado.

Cine que consigue hacer pensar, cine respetuoso con las memorias personales y con la memoria de los colectivos, cine apasionado, veraz, limpio y sin ataduras. El Silencio de Otros no es una película aséptica, que busque no molestar o que practique la equidistancia. Que nadie se equivoque. El Silencio de Otros no es cine para pasar el rato y regresar a casa relajado. Las imágenes, la historia y el modo en que se narra no dejan a nadie indiferente. Ante la barbarie y las injusticias hay que rebelarse. Hay que resistir a las trampas de cualquier poder. Hay que usar la cabeza para sacar conclusiones y adoptar decisiones y resistir, rebelarse, organizarse y seguir luchando por lo que es justo. Y eso es lo que me dicen estos chavales después de la proyección. “Tenemos que luchar para que toda esta lucha no caiga en el olvido”, alega una chica.

Y esa actitud y esa acción es lo que procura la felicidad. “Causa la felicidad”, dicen las/os miembros de la Academia de la Lengua .” Una grata satisfacción espiritual y física.”.

Ojalá los más de 2.000.000 de personas que han visto la película en todo el mundo hayan experimentado esa satisfacción al conocer una parte de la historia de este país que nos han ocultado, y hayan sentido el deseo físico de activarse, implicarse en el objetivo de alcanzar Justicia y construir entre todos un espacio de convivencia al que podamos sentirnos orgullosos de pertenecer.