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Chato, ya eres eterno

Por Nora Rodríguez.

La pasada madrugada se fue Chato. Luchador incansable por la justicia, ni la dictadura y las torturas, ni la Transición y sus juzgados fascistas, ni el cáncer pudieron contigo, ha tenido que llegar una maldita pandemia para arrancarte de nuestro lado.

Chato era de esas personas que diría Brecht, imprescindibles, de las que luchan siempre. De las que no decaen, que luchan por la memoria y pelean por el futuro. Igual que Justa, su compañera de vida. Nuestros compañeros de vida.

No sabría decir cuándo conocí a Chato. Crecí con él, con todo su grupo de compañeros, amigos de mis padres de siempre, entre comidas en la sierra y actos y manifestaciones. Las calderetas de los domingos en casa de mis padres, los cuscús que nos hacía el Moro, los bombones que siempre traían Rafa e Inma, con Güiti, Justa, los vaciles de Tarzán. Esas sobremesas contando batallitas de la militancia y las historias de la cárcel, esa tranquilidad y dignidad con la que siempre habéis podido hablar de vuestra lucha y vuestra historia. Esa forma tan especial de juntar pasado y presente de la gente que lleva toda la vida luchando, de los que nunca decayeron e hicieron de esto su forma de existencia. De aquellos que nos dieron la vida y nos enseñaron a vivirla.

Siempre me alucinó esa manera con la que narrabais un pasado tan gris, con esa alegría y ese orgullo, esa calma con la que tejíais hilos hacia el ahora. Como no os quedabais en el relato de una época criminal en la historia de este país, sino que continuabais construyendo el mismo mañana con el que soñabais de jóvenes. Ver como todo lo que habéis vivido os ha hecho más fuertes y os ha permitido no sólo hablar del pasado, sino construir futuro. La fortaleza que nos habéis dado a las generaciones que os hemos vivido, hablando siempre sin miedo, incluso sin odio, sólo con justicia. Como nunca habláis desde la pena ni el victimismo, sino desde la legitimidad y la dignidad. Que se puede pasar por un infierno y salir más fuerte, que la lucha no siempre es fácil, pero si necesaria. Que no hay que tener miedo, que estamos juntos y somos miles. Que nunca hay que rendirse, que no hay derrotas mientras sigamos caminando. Porque como decías, vosotros eráis humanos y vuestros torturadores no, y es esa humanidad es la que te hace salir adelante.

Acompañasteis mi infancia, mis inicios en la militancia, mi adolescencia, mi vida. Siempre me traíais libros, panfletos, camisetas ecologistas, sonrisas y amor. Siempre estabais ahí, fui creciendo a vuestro lado y sin darme cuenta me enseñasteis muchísimo, porque a vuestro lado sólo se puede aprender. Aprender lo que es la lealtad, a la lucha, a las vuestras y a la vida. Porque no recuerdo un momento sin vuestras risas y vuestras bromas, siempre alegres, siempre celebrando esta vida. Os he visto vacilar y reíros hasta de vuestros torturadores, porque vosotros podéis ir con la cabeza bien alta y ellos tienen que esconderse, y porque claro, que sois de barrio y siempre os reís de todo. Y no sabéis la fuerza que da crecer con gente sin miedo y con esa alegría.

Y os hablo en plural, porque ahora mismo no puedo leerte individualmente, porque te recuerdo siempre en colectivo, porque es lo que habéis sido siempre para mí, un grupo, un equipo, una familia, un ejemplo. Ese ejemplo de militancia y de humanidad que habéis transmitido siempre. Esa camaradería entre compañeros, entre la familia que no es de sangre, la que se elige. Ese ejemplo de la gente que nunca se rinde, que se cura las heridas en conjunto y siempre tiene la vista puesta en construir un mañana más justo.

La última vez que te vi fue en la puerta de los juzgados, con mi padre, poniendo una nueva querella, peleando una vez más contra las sombras de este país, por la memoria y por el futuro de todos. Y tú, como eras siempre, sonriente y optimista, como los que están acostumbrados a presentar batalla siempre por la vida. No sólo saliste del reino de "irás y no volverás" con dignidad, sino que transformaste todo eso en lucha y ejemplo, y eso hemos recogido todos los que te conocimos. Y así te recordaremos, siempre sonriendo, siempre luchando.

Dicen que es fundamental crecer con referentes y yo puedo decir que tuve los mejores. Que me enseñasteis que la vida no tiene sentido si no es en colectivo, que solo nos tenemos los unos a los otros.

Te fuiste en este tiempo tan extraño, tan confuso, entre tanto dolor e incertidumbre y me da muchísima pena no poder despedirte, no poder veros juntos de nuevo, no poder abrazar a mi padre en estos momentos tan raros, ni acompañar a Justa. No poder devolveros un poco de ese afecto que nos habéis dado siempre.
Pero nos consuela saber que al menos pudisteis despediros, que te fuiste sabiendo todo el amor que te rodeaba. Que hoy somos miles recordándote, porque es tan grande los que nos dejas que nunca acabaremos de darte las gracias, que habrá un poco de ti en cada lucha y en cada una de nosotras. Que ya tampoco está el Moro, y quizá ya no haya cuscús al sol de noviembre, pero que aquí seguimos vuestro camino, que seguiremos adelante y sonriendo como nos enseñasteis. Y aunque el vacío es tremendo, sólo muere quien es olvidado, y tú vas a estar siempre con nosotros, ya eres eterno Chato. Que el amor que aquí dejas será impulso para la lucha y tu risa estará a nuestro lado en cada batalla.

Hoy estamos tristes, y te lloramos, pero mañana volveremos a las calles, y te lucharemos. Que como decimos siempre, el mejor homenaje es continuar la lucha, y esta lucha es por la vida.