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Última hora: Alergia histérica asola vida pública

Por Luis Suárez-Carreño, miembro de La Comuna

Desde la red internacional de centros de control epidemiológico se sigue con preocupación la oleada de ataques de histeria declarada en la clase político-mediática de este país. Después de la pandemia del COVID19, lejos aún de estar bajo control, esta epidemia de carácter neuro-alérgico es una pésima noticia, nos han comentado fuentes médicas.

Artículos, tertulias, intervenciones parlamentarias, cartas abiertas… Por tierra, mar y aire se suceden los ataques de nervios. Se habla de unos índices de contagio alarmantes, aunque, para sorpresa de la comunidad científica, esta patología se muestra especialmente inteligente - o tal vez caprichosa: es capaz de discriminar su anfitrión y seleccionar perfiles socio-laborales específicos: políticos, expolíticos, tertulianos, periodistas y cantamañanas en general... Un misterio y un reto científico fascinante, señalan desde los centros de investigación.

Al parecer las personas mencionadas están aquejadas del síndrome conocido como constitucionalitis pueril aguda –esto es, hipersensibilidad en el fragmento del hipotálamo denominado ‘tontuna setentayochista’– que provoca fobias y reacciones histéricas ante ciertas manifestaciones políticas. El actual ataque se considera una variante agravada de algunas epidemias recientes de similar etiología, particularmente, la catalonofobia rabiosa.

Cumpliendo con nuestra permanente misión de servicio, intentamos contestar a las preguntas más frecuentes que se hace la ciudadanía ante esta nueva alarma.

¿Cuál es el detonante del brote?

En el laboratorio de neuro-ideo-patología del CSIC se ha sometido a pacientes infectados a sucesivas dosis de información potencialmente dañina para las meninges demócratas, con objeto de calibrar y comparar su reacción alérgica:

¿Se trata de una reacción frente a recientes exhibiciones nazis y antisemitas? ¿Son las decisiones de los tribunales exculpando a políticas corruptas y castigando a sus cómplices? ¿Será la saga-fuga del monarca campechano que ha puesto en ridículo internacional a nuestro país? ¿Es la perpetua impunidad de torturadores y criminales franquistas y el escarnio de sus víctimas la causa de la reacción patológica? ¿Serán las cloacas del Estado, la policía ‘patriótica’, y la mafia organizada por el ministro de interior de Rajoy para eliminar pruebas incriminatorias de su partido? ¿La constatación de que el principal partido de la derecha se ha financiado irregular e ilegalmente durante casi 20 años? ¿El encarcelamiento de raperos y otras violaciones de la libertad de expresión? ...

Sorprendentemente, estímulos aparentemente tan despiadados como los enumerados no han provocado en la mayoría de infectados ninguna reacción; como mucho, se ha registrado algún pestañeo.

Finalmente, se ha identificado la fuente de la reacción alérgica: Se trata de una toxina bastante rara en la vida pública oficial, la crítica-del-sistema, algo aparentemente inofensivo, que para la mayoría de la población es totalmente inocuo, que incluso podría ingenuamente considerarse sano, pero que para el sistema neurológico de los enfermos de constitucionalitis pueril aguda, resulta casi letal.

El síndrome ‘me-ha-mentado-a-la-madre’

Para explicar coloquialmente esta enfermiza hipersensibilidad algunos siquiatras recurren a lo que denominan el síndrome ‘me-ha-mentado-a-la-madre’, en referencia a esa primitiva y visceral reacción de defensa de la madre que las personas así enajenadas aplican mutatis mutandi al llamado régimen del 78.

Como muestra colectiva de esta reacción furiosa puede valer la carta que ha hecho pública recientemente un grupo de afectados –muchos pertenecientes a la asociación de víctimas del síndrome histérico denominada ‘La España que reúne’- desde el sanatorio en el que se encuentran afortunadamente bajo riguroso control médico. La misiva lleva un título, ‘Cesar en la infamia: Pablo Iglesias debe ser destituido’, que como veremos seguidamente ofrece ya una clave fundamental.

¿Cómo puedo saber si soy un atacado, o sea población de riesgo?

La prueba es sencilla: pruebe a leer o escuchar cualquier declaración de un miembro/a de Unidas Podemos –o de cualquiera de sus marcas o variantes– cuestionando la trayectoria del rey emérito y criticando su historial delictivo, o denunciando la existencia de presos y exiliados políticos y de opinión, por ejemplo. Observe si nota una reacción colérica incontrolada acompañada de hiperventilación, rechinar de dientes y muelas…

Si no funciona, pruebe directamente con declaraciones del actual vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias (en internet encontrará muchos vídeos) y de nuevo observe la reacción de su cuerpo. La prueba del algodón es si es usted capaz de escuchar sus declaraciones afirmando que la democracia española no está plenamente normalizada, sin sentirse ni ponerse atacado. Este ha sido de hecho el desencadenante de la mayoría de los ataques recientes, como revela la carta de los (muy) atacados antes citada.

¿Qué hacer si soy un atacado? ¿qué hacer si se contagia un familiar o allegado?

Las demandas angustiadas de información y auxilio han inundado los centros de salud, los teléfonos de urgencias y las redes. En casos leves o iniciales de la erupción alérgica, los especialistas recomiendan ante todo una terapia homeopática ambulatoria, basada en una combinación de sedantes y ansiolíticos, dosificación cuidadosa del acceso a medios de comunicación, sobre todo a programas de opinión (o sea, tertulias), así como sesiones en las que, mediante un lenguaje sencillo y didáctico, se hagan llegar al paciente ciertos mensajes sanadores:

a) la democracia española nacida en la Transición es, como toda obra humana, mejorable, y esta lo es particularmente al haber nacido con fórceps bajo la amenazante vigilancia del aparato represivo franquista (militar, policial y judicial) frente a una izquierda amedrentada que se tragó muchos sapos antidemocráticos.

b) señalar las debilidades e imperfecciones de nuestro sistema político no es un crimen, una ofensa o un desdoro para la imagen internacional del país; por el contrario, es imprescindible para esa constante necesidad de mejora. Los regímenes que no soportan las críticas son las dictaduras. Quienes temen las críticas son precisamente quienes no confían en la fortaleza de la democracia.

c) puestos a enrabietarse, hay muchos otros motivos; le proponemos algunos para empezar a practicar: las revelaciones diarias de la corrupción galopante, y el hecho de que ni hay arrepentimiento, ni reconocimiento, ni mucho menos, devolución de lo robado; los homenajes al emérito con motivo del 23-F mientras se sigue bloqueando la desclasificación de los documentos sobre aquel intento de golpe de Estado; o la persistente incapacidad de nuestras instituciones para garantizar los derechos y deberes en materia de verdad, justicia y reparación respecto a los innumerables crímenes del franquismo, mientras sus víctimas siguen muriendo en el más absoluto desamparo.

Concéntrese, piense en ello y déjese llevar por ese cabreo que empieza a sentir, ahora sí, con motivo.