Opinion · Balagán

Glasgow, Jerusalén y las parejas de mus

En el último partido de fútbol, los aficionados del Glasgow F.C. extendieron en las gradas del estadio una gran pancarta que ponía “Jerusalén es Palestina”, y debajo, otra pancarta más pequeña en la que se leía “Que se joda Trump”.

La declaración de Trump del miércoles 6 de diciembre reconociendo Jerusalén como capital de Israel ya ha costado la vida a nueve palestinos y heridas a más de 3.000, de los que varias decenas han sido heridos por fuego real.

La solidaridad del equipo de fútbol escocés es una buena noticia, pero es evidente que acciones de esta naturaleza tendrán poca repercusión en la resolución de este conflicto de Oriente Próximo.

Es necesario que las acciones corran a cargo de los líderes políticos europeos y no solo de los equipos de fútbol, o de las parejas de mus. Las cosas no cambiarán mucho porque los aficionados al fútbol escocés o francés lo pidan, sino cuando lo asuman los líderes políticos.

Con frencuencia se compara la situación de los palestinos con la de los negros de Sudáfrica durante el apartheid. Numerosos sudafricanos que han visitado la zona coinciden en que la situación de los palestinos es peor de lo que fue la situación de los negros.

Los negros combatieron el racismo mediante la lucha armada y mediante la lucha pacífica. Lo hicieron durante décadas pero no consiguieron sus objetivos.

Fue necesaria la campaña de boicot internacional para terminar con el apartheid, una campaña respaldada por los países occidentales, incluidos los gobiernos.

Naturalmente, existe una campaña de boicot a la ocupación israelí llamada BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), pero el peso de la misma lo sostienen ciudadanos y grupos particulares, y no los gobiernos europeos.

En Sudáfrica las cosas no cambiaron hasta que los gobiernos occidentales asumieron el boicot, y muy probablemente ocurrirá lo mismo con Israel.

El principal obstáculo para que esto suceda es el poder de Israel en Estados Unidos. Es impensable que Estados Unidos lance una campaña de boicot para que Israel se retire de los territorios ocupados, y es impensable que Europa lo haga por su cuenta.

Eso significa que la creciente expansión de la ocupación israelí en los territorios ocupados va a seguir adelante sin que nadie le ponga freno.