Más sanciones para los palestinos

Eugenio García Gascón

Los palestinos no paran de recibir malas noticias y las reciben en cascada.

Fuentes diplomáticas estadounidenses revelaron al Canal 12 de la televisión hebrea que Washington, a petición de Israel, está estudiando la aplicación de nuevas sanciones contra los palestinos.

Primero fue la proclamación de Jerusalén como capital de Israel que Donald Trump hizo unilateralmente el pasado 6 de diciembre.

Después, en Davos, el mismo Trump declaró que Estados Unidos ha sacado de la mesa de negociaciones la cuestión de Jerusalén, es decir que Jerusalén se la van a quedar los israelíes entera, tal y como sostienen Benjamín Netanyahu y sus ministros.

El presidente americano también ha anunciado el cierre de las ayudas a los refugiados palestinos a través de la UNRWA, la agencia de la ONU para esos menesteres.

Y ahora, medios israelíes informan de que la administración Trump está considerando nuevas sanciones contra los palestinos.

Una de las sanciones que prepara Trump consistirá en declarar que los refugiados palestinos carecen del derecho de retorno que han reclamado durante décadas, de acuerdo con las resoluciones internacionales. Esta es una cuestión cuya negociación se había aplazado hasta el final de las negociaciones.

Naturalmente, nadie espera que Israel permita la entrada en el país de millones de refugiados. Esto sencillamente no ocurrirá nunca. Sin embargo, se hablaba del regreso de unos cuantos miles de refugiados, nada más.

Si Trump hace esa declaración de la que hablan los israelíes, sus consecuencias serán mínimas pero tendrá un efecto trágico para todos los refugiados que pululan por los países de la región y también por Occidente.

Otra medida de castigo que está contemplando Trump es el cierre de la representación de la OLP en Washington. Otra vez, las repercusiones de una medida semejante serán únicamente simbólicas pero el mensaje que se transmite es claro.

En estas circunstancias cabe preguntarse qué debería hacer el presidente Mahmud Abás. Abás lleva desde la muerte de Yaser Arafat dando gusto a los israelíes y está claro que su actitud conciliadora ha sido un fracaso.

Los sondeos cada año le dan menos popularidad entre los palestinos. De hecho, la mayoría de los palestinos quiere que se vaya. Al fin y el cabo, es Israel quien debería estar gestionando la ocupación y no Abás.