Bescansa en paz

David Torres

Es un hecho comprabado que las trifulcas internas de los partidos son mucho más divertidas que las trifulcas externas, y no sólo porque las segundas se airean mediante la publicidad y las primeras se barren bajo la alfombra. Las campañas napoleónicas resultan apasionantes, pero palidecerían al lado de una buena crónica de los codazos que debían darse Ney y Murat para ponerse a la derecha del emperador a la hora de repartir medallas. Sucede en todos los ámbitos, incluido el deportivo, donde los calificativos lanzados a micrófono abierto para denostar al equipo rival no suelen ser tan jugosos como los que se dedican delanteros y defensas del mismo equipo de puertas para adentro. Hay un refrán castellano muy sabio que reza: “Líbreme Dios de mis amigos, que de mis enemigos me libro yo”.

Un día un senador del PP me confió que el único sitio donde se sentía verdaderamente en peligro era en los pasillos de Génova, donde cualquiera en cualquier momento podía darle una puñalada por la espalda. Unos años después, de hecho, le dieron veinte o treinta puñaladas y ninguna de frente. En Podemos no corren ese riesgo, ya que una de las peculiaridades de la formación morada es sacar los trapos limpios y los sucios a la mínima oportunidad, ya sea un embarazo, un soplamocos o una Coca-cola, sin que importe mucho que haya niños mirando. Transparencia se llama eso, aunque a veces convendría que utilizaran un biombo.

Ni una semana había pasado desde que Pablo Iglesias le advirtiera a Errejón, “Ni media tontería con cuestiones internas”, cuando la tontería completa salta a primera plana gracias a una actuación estelar de Carolina Bescansa. Sea un descuido informático, una cuchillada trapera o un rollito Yoko Ono, la historia huele muy mal, hasta el punto de que Errejón se apresuró a desmentir que esté planeando el derrocamiento de Pablo Iglesias y que únicamente ofreció a Bescansa un puesto en su candidatura. Poco después, la propia Bescansa aseguró que el documento se había filtrado en Telegram por error, que no llevaba firma y que ni ella ni Errejón tenían conocimiento del mismo en los términos en que aparece en la prensa. Es más, probablemente el documento se había escrito solo. O bien lo había escrito un dron de la CIA. O el equipo de Bescansa que, a estas alturas de la película, debía ser el Equipo A, con M. A. Barracus de redactor jefe. Lo mejor es que, según ella, sólo se trataba de un borrador, lo que deja suponer un final alternativo en que mataban a Iglesias a besos. Con esta manía de dar marcha adelante y luego rebobinar, en ocasiones da la impresión de que Podemos es el borrador de un partido político.

Para colmo, la historia explota el mismo día en que se ha hecho público que a finales de diciembre el PSOE le había ofrecido a Manuela Carmena que fuese su candidata para las elecciones municipales en Madrid en 2019. El líder socialista en la capital, José Manuel Franco, le quitó hierro al asunto diciendo que no se trataba de una oferta oficial, sino más bien informal, de salir en plan colegas y tal. Le faltó decir que se habían equivocado en su día, durante el mercado de fichajes, por culpa de esa maldita vocal entre Carmena y Carmona. Tal y como anda el PSOE madrileño, no se descarta que terminen montando un Got Talent en Ferraz o una sucursal de Supervivientes en el Parque del Retiro.

El PP llevaba semanas intentando distraer la atención sobre el graduado escolar de Cifuentes y en cuestión de un pantallazo, Bescansa les ha solucionado el problema. Las explicaciones y excusas que iba proporcionando la buena mujer a su metedura de pata resultaban más y más chiripitiflaúticas a medida que avanzaba la noche. Ya de madrugada, pude entender que, en efecto, se trataba de un borrador de una novela de ciencia-ficción; en la primera versión Bescansa y Errejón se hacían con el control de Podemos, y en la última versión Bescansa asaltaba los cielos y de regreso se comía una costalada tremenda. En fin, que mientras el PP madrileño se descompone entre gürteles, púnicas y másteres, y la oposición del PSOE hace oposiciones a la brigada paracaidista, van los chavales de Podemos y no se les ocurre nada mejor que montar un Escuadrón Suicida al estilo de La vida de Brian. Al fondo, a la derecha, Ciudadanos sigue masticando palomitas a dos carrillos. Ni media tontería, oiga.