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Las casta de los burócratas internacionales

14 feb 2011

Donde haya reuniones del FMI habrá protestas, calificándole de “arrogante. No escucha a los países en desarrollo; se guarda la rendición de cuentas democrática; sus remedios empeoran las cosas; transforma las caídas de la economía en recesiones, luego depresiones. Tienen razón. Yo fuí economista principal del Banco Mundial (1996-2000) y ví como el FMI y el Tesoro de EEUU respondían a aquella crisis. Quedé horrorizado” . La cita es de Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, economista de referencia mundial.

Como en la memoria de Stiglitz, en la de millones de personas perduran las formas del Fondo -y otros organismos internacionales- durante las crisis en América Latina o en Asia. Sólo que ahora, por las razones que sean, el FMI ha decidido hacer autocrítica. No debería de ser el único.

Existe una casta de burócratas internacionales, funcionarios del Fondo, la OCDE, el Banco Mundial, el BCE, el BPI o los centros de poder de la UE, que heredan cada uno de los políticos-directivos que llegan a esos organismos. Una de sus características es la arrogancia, conscientes de que el Rato, González Páramo (BCE), Almunia (UE) o Caruana (BPI) de turno son personajes transitorios, que ni de broma se atreverán a sugerirles, siendo españoles, que se equivocan con España.

Esa casta baila al son que sopla desde EEUU, el FMI y el lobby más influyente del momento. El que trata de rebelarse, a la calle. Son tan vulgares como el común de los mortales. Para no equivocarse a menudo se apuntan al cuanto peor mejor. Ejemplos tenemos cerca. Basta con recordar las previsiones de Bruselas sobre España y las veces que han rectificado.

La cartera de Rajoy

24 ene 2011

Esta semana será clave para saber si el pacto entre Gobierno, patronal y sindicatos tiene futuro. Los optimistas -¡los hay!-opinan que hay posibilidades. El Gobierno – y el país- lo necesitan frente a los mercados; también los sindicatos, que saldrían de ese infierno de convocatoria de huelga general de dudoso resultado. Idéntica necesidad tiene la patronal, ahora con Joan Rosell, que se lavaría la imagen durante los meses de gracia que le dan sus dinosaurios.

A ese presunto acuerdo debería sumarse el PP, como alternativa de Gobierno cercana. En teoría, tendría que moderarse y anunciar algo del programa económico oculto. El doble discurso del Rajoy prudente por un lado y de sus adláteres radicalizados por otro -Cospedal, Pons, Montoro, etc- no presagia un giro, aunque en su cartera esconda nombres distintos a los gritones de diario. Tipos como el ex gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, quien desde su cargo en el Banco Internacional de Pagos mantiene que ni el euro está en peligro ni España necesita ningún rescate. Lo dice en Madrid, ante la caverna. O José Manuel González- Páramo, consejero del BCE, quien no tira piedras al tejado nacional, pero sí apremia a acabar las reformas. O el más seguido, Luis de Guindós, ex secretario de Estado de Rato, comedido en las críticas porque conoce los mercados.

Los optimistas defienden que, con estos tres nombres en cartera, no debería descartarse que Rajoy se subiera al carro del pacto. Sólo que este trío influirá si gobiernan. Mientras, las manos se las ensuciarán los mismos voceros, militantes del todo vale con tal de llegar.