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Trucos entre socialistas para irse con dignidad

13 jun 2011

Después de ocupar un despacho público durante décadas, uno puede irse con elegancia y esperando que tras la obligada travesía del desierto a uno se le reconozcan los méritos. O cabreado y con malas formas, porque hace mucho tiempo que el elegido olvidó que el cargo era electo y no de por vida. Mientras no haya pruebas fehacientes, las denuncias que hace el PP sobre la quema de papeles en ayuntamientos y comunidades deben tratarse como meras sospechas o calumnias, pero lo lógico es que más de uno no sepa retirarse limpiamente. Han sido muchos años. Hasta puede entenderse el desasosiego de honestos ex alcaldes, ex concejales, ex consejeros que tendrán que enfrentarse al futuro sin secretaria, sin despacho y algunos sin chófer. Sin los privilegios del poder.

Partidarias de echar humor a las situaciones más aviesas, la colega Pilar Portero y yo rogamos a ex ministros socialistas algún truco de ayuda a sus compañeros para mitigar el golpe. En clave de humor, pero también con sentido práctico. Solbes: “que aprovechen para acercarse a hijos y nietos. Les van a descubrir las nuevas tecnologías y hasta las redes sociales”. Carmen Calvo:”recordar que pierdes el poder del cargo, pero recuperas el poder sobre tu persona. Si estabas enganchado, te equivocaste. No te pongas patético”. Jordi Sevilla: “Que empiecen a quitarse la corbata, que se abran un twitter y escriban tres comentarios al día. Dedica media hora a navegar”. Juan Manuel Eguiagaray: “Descubrirán lo agradable que es que cuando suene el teléfono ya no sea un marrón a resolver. Es un amigo que quiere comer contigo”.

Conclusión: hay vida en la normalidad.

Contra esta invasión de mal humor

28 feb 2011

¿Somos un país con mal humor? Eso deben de pensar los políticos. Cada día llegan al Congreso sonrientes y alguno hasta divertido. Saludan aquí y allá con una sonrisa de oreja a oreja. Hasta que cruzan la puerta del hemiciclo. Para cuando suben a la tribuna lucen ya la mueca de la mala leche. Al tiempo, el semblante de los acólitos se transmuta en las mismas muecas que el del jefe. No todos son iguales, pero es el ambiente que prima. Algún sondeo debe señalar que el mal humor da votos.
¿Y los periodistas? Parecido. Sonreímos o nos reímos cuando nadie nos ve, porque la risa resulta insultante para algunos colegas. E interiorizamos que lo políticamente correcto está reñido con la broma. Siempre hay una “mente sucia” -que dirían los Serrano- dispuesta a tergiversar el motivo de la carcajada. Por no hablar de lo que tienes que medir el título del blog -que no es un periódico-, de la columna o del tuit que escribes. Medio mundo te puede fusilar en cuanto te deslizas, ya sea por machista, feminista, racista y todos los istas que quieran. Bien es verdad que hay que cuidar la letra impresa -que impresa queda- pero tener que aclarar cada día lo obvio resulta patético, aburrido, cansino. El límite debería marcarlo el sentido común.
Me consuelo al toparme con la cita que necesitaba. “Creo que es necesario hacer frente con decisión a esta invasión de mal humor” escribió Thomas Love Peacock, un británico naturalmente. La he robado del segundo libro de mi admirada Stella Gibbons, “Flora Poste y los artistas”. Todo un alarde de humor y exquisita ironía. Pues eso, hagamos frente a esta estúpida invasión.

Apolo, candidato a demagogo

15 nov 2010
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“Mi papá los viernes se lo pasa fatal, porque los de recursos humanos mandan emails y te dan una cajita”. ”Mi mamá ahora tiene una profesión inglesa que se llama Freelance”. Habla Apolo, el niño de “Politik” de Emma Reverter y Mariam Ben-Arab (Rocaeditorial), que protagoniza “El manifiesto gráfico”. Recuerda a Mafalda, pero puede decir la verdad, una ordinariez entre adultos. Oirán hablar de él, porque es irónico y ácido.
Esto es todo lo que sabemos de su futuro, pero tiene todas las papeletas para que su papá pierda el trabajo, agote el paro y tengan que vivir con 426 euros al mes. Como juego, quizá su mamá le rete a que compren pan, leche, comida y cena con 14 euros al día. Sin contar el jabón y la pasta de dientes. Sobre el piso, seguro que les desahuciarán -que palabro- pero su papá no se ahorcará como hizo un señor de Hospitalet. Ellos irán al piso de sus abuelos, de 50 metros.
Además, quizá tenga suerte. Si el Gobierno tiene dinero cobrarán los 426 euros todo 2011. Pero si hay elecciones generales, el abuelo dice que el señor de la barba, Rajoy, les quitará esos euros porque le gusta lo que hace un inglés que piensa que hay mucho cuentista entre los parados.
Apolo ya tiene los folletos de juguetes para Navidad. En el cole habla con sus amigos. Van a pedirse una PSP o un ordenador básico, un ultragiro último modelo o un robot que te sigue por casa. Cada cosa cuesta 400 euros o más, pero sus papas aún tienen empleo. Como no entiende nada, ha pedido a su abuela que le explique el asunto. Irritada, le ha respondido: “No hagas esas comparaciones fuera. Te llamarán demagogo”. Va a buscar el significado de ese otro palabro.