Deporte Digital

Actualidad deportiva a dedo

Lágrimas antagónicas

09 Ago 2008
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Con las medallas y los récords, las emociones también han comenzado a asomar en estos Juegos Olímpicos. Y reflejo de ellas, las lágrimas. Las de alegría y entusiasmo de Samuel Sánchez. Las de dolor e impotencia de Araceli Navarro.
El ciclista asturiano se convirtió en grata sorpresa española en la primera jornada olímpica. Con Freire y Contador descartados en plena carrera, ‘Samu’ tomó la iniciativa, cogió la fuga buena y en el sprint definitivo dejó atrás a veteranos como Cancellara y Rebellin. El número 8 a la espalda le dio suerte y la Gran Muralla fue testigo de la gesta.

Después de más de media hora de espera, Samuel no pudo contenerse en el podio al escuchar el himno español. En esos segundos toda su vida pasó fugaz en forma de recuerdos, sobre todo hacia su madre y su abuela. Sus ojos se volvían vidriosos mientras su mano temblorosa sostenía la medalla de oro olímpica. Asturias y toda España también se emocionaron.

Pero unas horas antes, una  inoportuna lesión amargaba el 19 cumpleaños de una joven madrileña. Disputaba su segundo combate de sable y plantaba cara ante la potente Rebecca Ward cuando, en un movimiento de defensa, su hombro se desvió de su posición natural. Los gritos de Araceli Navarro estremecieron al pabellón. Tirada en el suelo gritaba a su entrenador: ¡Que me lo coloquen y sigo! Pero eso no era posible y lo sabía.

Araceli lloraba amargamente mientras abandonaba desconsolada el tapiz. Tanto tiempo de sacrificios y sinsabores tenían la peor de las recompensas. El destino la jugaba una mala pasada. Pero Araceli tiene años por delante para resarcirse. Su mente ya tiene que estar en Londres.

En unos Juegos Olímpicos, los deportistas dan lo mejor de sí mismos, se entregan sin reparos. Su esfuerzo físico, a veces se ve recompensado y otras no. Pero todos provocan que el alma del espectador se sobrecoja, provocan emociones a flor de piel y provocan, aunque sea por instante, equilibrar la balanza inclinada hacia todos los desastres provocados por la mano humana.