Opinion · El desconcierto

Felipe VI en ARCO

Qué magnífica oportunidad ha perdido la Casa Real para salir en defensa de la libertad de expresión, justo cuando la censura ha reaparecido retirando la obra expuesta Presos políticos, de Santiago Sierra, en la Feria Internacional que se celebra en Madrid. Qué falta de sensibilidad democrática en la Zarzuela al no haber anulado, o al menos aplazado, la presencia del Jefe del Estado en la inauguración de dicho certamen. En lugar de suspender o aplazar el acto inaugural, hasta que la obra fuese repuesta en la  pared vacía que ocupaba, decidieron acudir a ARCO en el mismo momento en que la repulsa generalizada de la censura alcanzaba incluso hasta aquellos mismos que habían censurado.

Es un error análogo al de aquella intervención del Jefe del Estado sobre la cuestión nacional catalana, cuando decidió colgar en el perchero de la Zarzuela su función arbitral, al aparecer ahora como equidistante entre la libertad de expresión y la censura más bien propia de los tiempos preconstitucionales, incluso del franquismo. Desde 1978, la Monarquía española es constitucional y quien la encabeza está obligado a defender todo su articulado.  Incluido el artículo 20 que protege los derechos a expresar libremente los pensamientos e ideas mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Bien es cierto que durante tres años, los anteriores a la Constitución, la Corona no estaba obligada; pero hoy no es la Monarquía legalmente vigente.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, tomó la decisión que  debía haber tomado Felipe VI. La ausencia de la edil madrileña es un magnífico ejemplo de la actitud de una demócrata; la presencia de Felipe VI significa  lo contrario, con independencia de cual fuese su voluntad. Desde que IFEMA ejerció la censura, imponiendo le retirada de una obra artística que le desagradaba, hasta la hora prevista de la inauguración, hubo tiempo más que de sobra como para que la Zarzuela encontrara una vía para cortocircuitar la imagen del Rey Felipe VI inaugurando dicha Feria Internacional previa censura de una obra expuesta. Ningún cortesano podía desconocer ayer por la mañana que los propios responsables de la censura rectificaban.

IFEMA pedía disculpas, eso sí sin reponer la obra, el ministro de Cultura negaba saber nada de la censura que su propio secretario de Estado, Fernando Benzo, había justificado muy alambicadamente al mencionar unas supuestas cuestiones conceptuales con el ejercicio de la creación artística. Una vez más, se censuraba sin que ninguno de los censores diera la cara tras  haber comprobado que su coartada de labor censora, los presos políticos catalanes o sociales, no podía ser de recibo en esta ocasión y con este motivo. Alguien se pasó de rosca estirando el 155 hasta ARCO y le estalló como un bumerán en su cara de cemento. Rectificación, pues, pura y dura. Así la censura ha venido y nadie sabe como ha sido.

Quizás el error de la Zarzuela provino del entusiasta aplauso del PSOE a la censura, pero los propios socialistas rectificaron horas después al ver, para su  gran asombro, que hasta Ciudadanos salía inmediatamente en defensa de la libertad de expresión. Pese a que el subconsciente sumiso de Sánchez, que se caracteriza por un firme seguidismo hacia Rajoy, pudo inducir a la confusión de los cortesanos, no puede servir de excusa alguna a los que no cambiaron la agenda del Jefe del Estado. El PP, el PSOE, Rajoy y Sánchez, dijeron Diego donde dijeron digo, sin que Felipe VI cambiara la inauguración de ARCO bajo la censura. Nunca tantos monárquicos causaron tanto desprestigio a la Monarquía.

Es mucho más que una equivocación de Felipe VI. Es un síntoma del retroceso democrático en España. Ayer mismo lo advertía Amnistía Internacional, al denunciar una restricción desproporcionada de la libertad de expresión, y también lo señalaba The New York Times. La agonía evidente del Régimen del 78 no es producto del avance de las fuerzas progresistas sino, todo lo contrario, del extraordinario ascenso de una de las peores alternativas reaccionarias, basada tanto en una masiva movilización nacionalista españolista como en la profunda debilidad e incapacidad de toda la izquierda. Esa flecha de la censura, lanzada desde el ARCO  de la derecha, refleja la creciente ansiedad descontrolada de alguno de sus arqueros por clavarla cuanto antes sea posible en la Constitución que nunca aceptaron.