¿Se puede pensar en un periódico?

30 Abr 2010
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios


¿Se puede pensar en un periódico? Es lo que intentamos por aquí. ¿Qué sería pensar en este contexto?

En otra entrada escribí: “pensar no es opinar sobre lo que la agenda mediática y política dictamina a cada momento: ayer Estatut, hoy Gürtel, mañana lo que sea. Pensar no es cargarse de razón, dar caña al de enfrente o desahogarse insultando. Pensar, como decía Albert Camus, ‘es aprender de nuevo a ver’ y en el juego mediático de preguntas y respuestas dirigidas nada nos toca, nada nos afecta, nos transforma verdaderamente, ni altera nuestra manera de ver y vivir. Pensar es, pues, en primer lugar, interrumpir en la cabeza ese ruido estrepitoso que día a día no nos lleva a ninguna parte, nos deja como estábamos, confirmados en lo que ya pensábamos. Pensar es problematizar, im-poner nuestros propios problemas, buscar nuestras propias palabras, elaborar y dar sentido propio a lo que nos afecta, luchar a muerte contra los clichés y las respuestas automáticas (de izquierdas o de derechas) que nos hacen tan previsibles, tan gobernables”.

Cuando hace ya más de un año me pidieron desde el periódico implicarme más (entonces escribía un artículo cada dos meses o así), me pregunté cómo hacerlo sin devenir-opinador, sin quedar encerrado en la “actualidad”, sin perder el lazo con otros espacios, experiencias y gentes que generan pensamiento. Y se me ocurrió este modesto dispositivo de las entrevistas, que Nacho Escolar y Marco Schwartz aceptaron encantados. Estoy contento. Mediante ellas, puedo seguir moviéndome y buscando: otros enfoques, otras miradas, otras voces. Puedo proponer algo qué pensar sobre lo que (nos) pasa, pero dando un paso atrás con respecto a las urgencias de inmediatez periodísticas. Y digo “puedo”, porque este trabajo de preguntar y luego editar es tan activo y tan intenso que muchas veces me (con)fundo con la voz del otro, me parece que es la mía (¡y a veces, cosas de la edición, de hecho es la mía!). También he aprendido a entrar un poco en el lenguaje periodístico (sobre todo en la versión papel), aunque sea entrar para salir enseguida (las observaciones de Lucía Álvarez en Opinión siempre me ayudan en este equilibrio difícil).

No ha habido entrevista que haya hecho sólo por rellenar, por encargo, por el dinero, por imposición alguna. Quiero que cada una sea un momento de reflexión, de aprendizaje. Muchas las hago acompañado. Y otras tantas salgo pensando algo que antes no pensaba, no simplemente habiendo “cubierto el expediente”. Así se entiende que aparezcan luego esos tags tan curiosos, donde se repiten algunas obsesiones mías como “miedo”, “malestar social”, “lo común”, “nueva politización”, “nueva derecha”, “enemigo”, “confianza”, etc. Me parecen muy reveladores, esos tags, de las conexiones subterráneas que por aquí se van tejiendo, de la conversación de fondo que se va hilando. De lo más bonito que me han dicho sobre las entrevistas es algo así: que no se leen como voces individuales que se van sucediendo y acumulando, sino como voces muy entrelazadas.

Pienso también que las entrevistas son como un juego de cuchillos que me permiten cortar la pesada polarización izquierda/derecha tan asfixiante. Estar con unos o con otros, blancas o negras, “no hacer el caldo gordo a tal”, no “dar razones a cual”, etc. Todo eso no nos deja pensar libremente, porque hay posiciones previas a las que nos tenemos que adscribir,  que no podemos desafiar bajo pena de excomunión. Por tanto, otro hilo de las entrevistas muy obvio es ése: escapar por la tangente de la polarización izquierda/derecha. Tan simple, tan cómoda, tan fácil (qué malo es el PP, los curas y Jiménez Losantos, qué buenos nosotros por contraste). Creo que hacer esto tiene especial sentido en un periódico como Público. Una vieja amiga decía: la pelea no está entre izquierda y derecha, sino entre arriba y abajo. Sí, pero hoy ni siquiera eso, porque por abajo pasan cosas bien raras, bien ambigüas. Ni siquiera se trata de criticar mucho esa polarización, de detenerse demasiado tiempo en describirla, sino más bien de desplazar el foco hacia personas y experiencias que piensan en nombre propio, más allá de las etiquetas.

Alguien me decía que la sección está como “escondida”. Un poco es verdad. No tiene la visibilidad de otras columnas, de otros blogs. Muchas veces la visibilidad la da un autor, el personaje que es un autor. Puede ser un personaje más o menos interesante. No tengo nada en contra, al revés: me atraen algunas singularidades fuertes que hablan y piensan con su propio estilo, como podía ser el caso de Rafael Reig. En muchos otros casos me pregunto qué diantres hará tal o cual autor escribiendo en un diario, cuando palmariamente no tiene nada que decirnos (¿qué está diciendo aquel que no tiene nada que decir?). En todo caso, yo he decidido otra cosa: borrarme un poco por detrás del entrevistado. Otras veces la visibilidad la da cierta cotidianeidad, pero aquí tampoco hay de eso. Publicar (más o menos) cada dos semanas lo he elegido yo, es el tiempo mínimo que me parece necesario para hacer las cosas medio bien (leer, pensar, preguntar, editar, etc.).

Sin dar carnaza a la polarización, sin la figura de un autor, sin una regularidad intensa, sin soluciones o “líneas correctas” que proponer, con los textos más largos y densotes que se puedan encontrar en cualquier otra columna o blog de Público, ¿pero quién demonios va a venir a pasearse por aquí? ¿Tu?

Me gustaría dar más vida al blog, que se ha quedado como un espacio donde recojo mis intervenciones en Público, sólo un cacho de mi. Creo que este juego sería más rico si mostrase mejor las conexiones entre las distintas caras de lo que hago. Al mismo tiempo no puedo dejar de ver este blog como un blog de Público y no me siento del todo libre para compartir otras cosas, ni me encuentro cómodo para mostrar algo del “making off” de cada entrevista, no sé.

Bueno, hoy termino señalando una de estas conexiones. Participo desde octubre de 2009 en “Una línea sobre el mar”, un programa colectivo de radio en Radio Círculo. Algunas de las voces entrevistadas acá, han sido objeto allá de otras elaboraciones, de otros enfoques, de otras preguntas y de otros usos que podrían atraer a quien leyó las entrevistas con interés.

En concreto:

María Naredo aparece en el programa “En la ciudad”

Jesús Palacios aparece en el programa “Ultimátum a la tierra”

Peter Pal aparece en el programa “El vacío, lo que mejor no entendemos”

Juan Gutiérrez aparece en el programa “Paz desde la vida”

Santiago López Petit aparece en el programa “Una vida filosófica”

Y por último (actualización, 5-5-2010):

Amparo Lasén aparece en el programa “Flashmobs: como un concierto de los Ramones… pero sin los Ramones”

Hasta pronto!