‘Mientras mueres’: cosas por las que dar la vida

Estoy bebiendo un negroni en Hermosos y Malditos. No sé por qué me gusta tanto este bar. Quizás sea por su oscuridad, o por la lista interminable de cócteles. Aunque creo que tiene más que ver con su nombre y el gran Scott Fitzgerald, el primero que supo descubrir la belleza que se esconde en toda derrota, en el fracaso.

Escucho una conversación a mi espalda. Dos tipos hablan sobre cosas por las que morirían. Casi se podría decir que están dando un discurso. El alcohol ha elevado el tono de sus voces sin que ellos se den cuenta. “Por la bandera, la patria y todas esas historias que no cuenten conmigo. Detrás de cada guerra siempre hay alguien que se está forrando. Siempre”, dice el gordo. “Yo sólo moriría por el Aleti”, dice el del traje. “¿Y por tu familia no? ¿Quieres otro güisqui? ”, pregunta el gordo. “Hospitalizar, por mi familia me dejo hospitalizar. Nada más”, sentencia el del traje. El camarero deja escapar una sonrisa huidiza mientras la clientela hace como que no les escucha. El negroni se va acabando y siento el mismo desasosiego que un domingo por la tarde, cuando sabes que el fin de semana termina. Esos momentos en los que la sensación de que el tiempo se te escapa es palpable, de que se te está yendo la vida.

Y recuerdo Mientras mueres, la novela de Javier Hernández Velázquez, editada por Alrevés. Thomas Vettel, un ex futbolista alemán metido a asesino a sueldo se entera de que han matado a su ex mujer y han secuestrado a su hija pequeña en un Tenerife que ahora pertenece a Marruecos, como todas las Islas Canarias. Para devolverle a su hija, unos mafiosos Turcos, le exigen cometer una serie de asesinatos. Thomas sabe que es una trampa, sabe que no saldrá de esta y, aun así, decide seguir adelante. Su hija es un buen motivo para morir. Organizaciones nazis, agentes de la CIA, centros de poder en la sombra, una misteriosa agente doble y un asesino sarraceno que se bebe la sangre de sus víctimas.

Una novela en la que cada frase de Javier Hernández Velázquez es como un hachazo: directo, duro y haciendo mella en el lector. La riqueza de los ambientes y de los personajes hace de Mientras mueres una obra única que te atrapa en la nebulosa de su trama. Bella y extraña como una piedra preciosa.

“¿Sabes por lo que moriría yo? Por otro güisqui”. Los tipos siguen hablando a voces. La clientela continúa ignorándolos. El camarero hace como que no ha escuchado su petición. Y yo pienso que lo que diferencia la vida de un negroni es que cuando se termina puedes pedir otro. “Un negroni, por favor”.