Opinion · La oveja Negra

Nunca mires atrás: nada es lo que parece

De noche, ya en la cama, observo la pila de libros esperando sobre la mesa. Me salto el orden de prioridades y agarro “Nunca mires atrás”, la última novela de Claudio Cerdán editada por Menoscuarto. La casa está en completo silencio. Mi mujer y los mellizos duermen, los perros también. Todos, menos Churripín, que agita la cola a los pies de la cama cuando la miro. Como escribió Julio Cortázar en “Los premios”: Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo. Oriento el flexo y comienzo la lectura. Veinte páginas, treinta, como mucho y a dormir, me digo mentalmente. Pero a medida que voy pasando páginas siento que algo me ocurre. Una sensación extraña aunque conocida. Ya he sufrido antes los mismos síntomas: Pérdida de la noción del tiempo y del espacio, afán devorador, estado catatónico ante todo lo que no sea el libro… Porque cuando recupero durante un breve instante el sentido de la realidad me doy cuenta de que voy por la página 100, y sin ningunas ganas de parar hasta el final. Algo que sucede a las 1:30 de la madrugada. Debería estar enfadado con el autor por robarme horas de sueño y sin embargo le doy las gracias. Gracias por haber escrito “Nunca mires atrás”. Gracias por haberme hecho disfrutar tanto. Gracias por conseguir que me olvidara de todos y de todo. Algo que sólo consiguen las buenas novelas.

La detective Sonia Ruiz se agarra un pedo de proporciones bíblicas en una reunión de antiguos alumnos y amanece dentro de un contenedor de basura. Cuando despierta apenas se acuerda de nada. Mila, una antigua compañera de instituto, la encarga que encuentre a su marido. En teoría un caso fácil, hasta que Sonia descubre que el marido pertenece a una banda neonazi. Y desde ese momento los problemas crecen entorno a la detective. Mafia rusa, asesinatos y violaciones en un caso en el que nada es lo que parece.

Escrita con el estilo y la personalidad de Cerdán, la novela es una ascensión constante que no deja al lector ningún momento de respiro. Una trama bien construida, sin trampas. Unos personajes creíbles, que saltan de las dos dimensiones del papel a las tres del mundo real. Dura, tierna, divertida… Una novela redonda. Claudio Cerdán, por su culpa no he podido dormir. Muchas gracias.