Memoria Pública

El sumario de la causa del juez Baltasar Garzón contra el franquismo

Pleno Ayuntamiento de Mijas

25 ene 2012

 

Sin palabras…

El derecho a la memoria

13 ene 2012

 

“No basta que callemos, y además no es posible…” Luis Rosales.

Vivimos en un extraño país en el que resulta más cómodo ser verdugo, que juez o víctima. “Aquí nunca se hará justicia…” Las mañanas de algunos sábados de mi infancia subíamos, como muchos madrileños, a la Sierra de Madrid, a Guadarrama, a Cercedilla, en busca del frescor y el oxígeno que la capital nos negaba. Nosotros siempre llegábamos más tarde que los demás porque mi padre daba un tremendo rodeo para evitar pasar por El Valle de los Caídos (Cuelgamuros lo llamaban ellos…). Atrás dejábamos aquella cruz que se cernía amenazadora sobre el paisaje, y que ensombrecía el rostro de mi abuela y hacía que mi padre masticara entre dientes frases que yo no lograba descifrar. “Aquí nunca se hará justicia…” de esa frase sí que me acuerdo. Y de que mi abuela me apretaba la mano con fuerza mientras su mirada triste se perdía por caminos que conducían a un antiguo dolor, a una cicatriz que yo heredé más tarde cuando supe por qué nunca visitábamos aquel lugar, ni siquiera de paso…

Los derechos humanos no prescriben en la memoria de los que han sufrido ni de aquellos, que amándolos, los han visto sufrir. Las lágrimas de mi abuela, los juramentos contenidos de mi padre, las viejas fotos donde mi abuelos y mis bisabuelos sonríen ajenos a todo lo que se les venía encima, y las miles de historias, los miles de rostros desconocidos que sufrieron durante décadas la humillación, el silencio, la sinrazón, la barbarie, la venganza programada y sistemática, no prescriben.

Los niños judíos con su pijama de rayas mirando entre las rejas de los campos de concentración, no prescriben. Las caravanas de exiliados cruzando las fronteras arrastrando penas y maletas, no prescriben. Los presos torturados esperando la muerte en celdas nauseabundas, no prescriben. Los niños arrancados de sus madres y entregados a familias afectas al régimen de turno, no prescriben. El miedo cocinado a fuego lento durante años no puede prescribir. Pasemos página, sí, dejemos descansar a los muertos, sí. Pero leamos todos juntos la página para poder pasarla, con tolerancia, con respeto, con compasión y empatía por los que han sufrido; y luego, que cada uno descanse todo lo en paz que le permita su conciencia.

Textos : Marisa de la Peña

Memorias de un preso republicano

08 dic 2011

A mi abuelo, Manuel de la Peña Piñeiro
Esta es su historia. Él no pudo contarla, así que yo recojo el testigo.

Es posible prepararse para la derrota, él ya lo había hecho; pero nadie puede estar preparado para la represión y la venganza. Alimentar el odio, dejarle crecer en los corazones, regarle con miedo y con rencor, cada día, golpe a golpe, discursos a discurso, condena a condena… Abrir un abismo insondable entre las víctimas y los verdugos, un abismo de horror, impotencia y desesperanza.

La cárcel es fría, piedra en los corazones, cuerpos hacinados, miradas perdidas, puños apretados, piernas temblorosas. El hedor es insoportable. Llega al estómago, y allí se instala hasta provocar náuseas. Y luego, en la boca, un sabor a metal y jugos gástricos.
La noche ha caído sobre ellos, una noche muy larga y muy feroz, una noche sin tregua ni alborada…Cárceles, rejas, cadenas.Muros, tapias, cementerios. Hombres escuálidos, tristes.
Hambre, miseria y silencio

Escribir, escribir… Es la única forma de sobrevivir a la barbarie, a la soledad, a la tortura, a la muerte.
“Escribe Carmiña, escribe…” Y gracias a las cartas y los versos, que van y vienen como pájaros blancos surcando la memoria y el desastre, el aire se hace un poco respirable entre muros, tapias y cielos imposibles. Escribiendo conjura la amargura, la pena de saberse entre barrotes, con un futuro incierto y una condena injusta, incomprensible. ”La guerra, madre, la guerra”… Los versos del poeta, también encarcelado, golpean sus sienes.

Él nunca ha empuñado un arma, nunca ha hecho daño a nadie. Es demasiado joven para que su cabello se haya vuelto blanco, un mechón por cada día encerrado entre rejas, por cada condena a muerte revocada, por cada abrazo no dado a sus seres queridos, por esa juventud arrebatada en vano.

Ahora sólo las palabras lo salvan del abismo, le hacen reconocerse como hombre, no olvidarse de quién es, de quién ha sido. Es fácil sucumbir al derrotismo, cerrar los ojos y dejarse llevar.
Ha ganado la España grande y libre, y ahora ejecuta, impune, su orquestada revancha. Él es sólo uno más, una pequeña pieza de un oscuro y sórdido engranaje basado en la violencia y en el miedo, en el silencio y en la delación. Es fácil sucumbir a la mentira de que ahora todo el mundo vive en paz, es fácil creer, es fácil rendirse y renunciar.
A su lado dormita un maestro asturiano que trajeron hace unos días (¡qué terrible pecado pretender enseñar a los niños, sin cruz ni catecismo, a buscar las respuestas en los libros prohibidos!). Entre los dos ha nacido una hermosa complicidad, una fraternidad de la injusticia que les ayuda a soportar las penas.

Se han llevado al maestro. En su catre ha dejado doblado un poema:”Para tu álbum de penas”, escrito con una caligrafía impecable. Nunca volverán a verse. Pero eso él no lo sabe, como no sabe, ni tan siquiera acierta a sospechar, que será su nieta, muchos años después, la que saque a la luz ese poema, la que lo lea una y otra vez buscando en él la hermosa semblanza del que fuera su abuelo (“delgado, cimbreño, de líneas escuetas/ los ojos enormes, las manos inquietas…”).

De aquellos hombres no quedan nada más que las palabras, los poemas que escribieron, vencedores del odio y de la rabia. Nadie podrá quitarles lo que fueron. Su victoria es perdurar en nuestra memoria, aunque haya quien no lo entienda, quien no sepa la importancia de abrir las ventanas y dejar volar todas las palomas, tanto tiempo encerradas. Si les negamos ser reconocidos, si no les concedemos el merecido homenaje de ser recordados, entonces su dolor y su sacrificio habrán sido en vano, y eso si que, sus hijos y sus nietos, no vamos a consentirlo.

Todos los versos están sacados del libro Poemario a dos voces, Manuel de la peña Piñeiro y Marisa de la Peña, ed. La factoría de ediciones.
Texto: Marisa de la Peña

Recuerdo a las víctimas del franquismo

02 nov 2011

 

Para todos aquellos que no tuvierón donde llevar sus flores. Juan Kalvellido

 

Silencio

25 oct 2011

Pero España era una, y grande, y libre… Y ellos no eran más que unos traidores, y unos agitadores y un peligro para la unidad de la patria… Habían perdido. ¡Callad, callad! ¡Desterrad las palabras: PAN, JUSTICIA, LIBERTAD, UTOPÍA…¡Os cortaremos la lengua si hace falta! ¡Silencio! Que nadie pueda oír vuestro lamento… ¡Ha estallado la paz!

Dibujo:Juan Kalvellido.

Texto: Marisa de la Peña

Memoria

06 oct 2011

 

Aunque muchos se empeñen en que olvidemos no lo haremos. Contar, contar, contarlo todo… Aunque algunos estén hartos de las “historias de la guerra civil”, “ y de los presos franquistas” y de los “exiliados” . Porque nosotros, los hijos y nietos  ya no tenemos miedo. Y vamos a gritar y a alzar nuestras voces por cada uno de los cuarenta años (e incluso algunos más) que ellos estuvieron en silencio.

Texto: Marisa de la Peña

LA MALA EDUCACIÓN

21 sep 2011

 

 

La dictadura destrozó para siempre la infancia de los hijos de los vencidos, e incluso la de sus propios hijos… Les arrebató la inocencia, el derecho a ser perezosos,  divertidos, y absurdamente felices. Crecieron en un mundo de miedos y verdades a medias, de infamias y mentiras.  Aquellos niños y niñas que vivieron el franquismo,  sufrieron la pésima educación nacional católica, basada en la falta total de rigor científico o histórico, de espíritu crítico y de libertad.  Formar ciudadanos afines al régimen y extirpar la semilla de la educación laica e igualitaria que habían sembrado las escuelas durante la República, fue el principal objetivo del régimen franquista. Aquella infancia se formó con el “arriba España”, “las montañas nevadas”, “el enemigo infiel”, “la pertinaz sequía”, “el ademán impasible”;  siempre con el brazo en alto y dispuesta a “llevar flores a María” o a cantar el “cara al sol”

TEXTO: Marisa de la Peña

La Miseria

26 ago 2011



Aquellos fueron tiempos de silencio y cloacas; de ratas, de hambre, de desconfianza y de rencor. La vida no era más que un triste ejercicio de supervivencia, una pirueta cruel para burlar a  la muerte y sortear el hambre, la enfermedad, la desesperación.  Toda una generación de hombres y mujeres, dignos y valientes, fue reducida a escombros y cenizas, a jirones, a retazo, a sombras… Se pudrieron en las cárceles, murieron en las cunetas, lo perdieron todo, vieron morir a sus hijos cercados por el frío y la miseria en campos de refugiados. Les dejaron vacíos, huecos, sin esperanza.

TEXTO: María Teresa de la Peña

Los Curas Franquistas

10 ago 2011

Dibujo de Kalvellido

“El Ilustrísimo Monseñor D. Tomás Soto Pidal fue nombrado Administrador de Cementerio de Ciriego, en Santander. Este señor era el responsable del Registro General, en el cual tienen que constar todos y cada uno de los nombres y apellidos, de las personas allí enterradas; sin embargo no están todas. Faltan centenares; faltan los nombres de los republicanos fusilados y arrojadas a las fosas comunes del cementerio civil de Ciriego.

Fueron premeditadamente excluidos del Registro por razones de tipo político, y ‘desaparecidos’ jurídicamente en virtud del acuerdo y la implicación de la Iglesia católica española mediante la Cruzada con Franco y demás generales rebeldes a la República.

De ‘los rojos’ no debía quedar ni rastro, lo mejor era desaparecerlos, y eso era lo que hacían la mayoría de Capellanes- Administradores de cementerios en toda España. Que, además, antes de las ejecuciones, de las que eran testigos presenciales, intentaban influir y convencer a los condenados, a punto de ser ejecutados, para que se arrepintieran y volvieran al redil.

La premeditación para que no constara el nombre en el registro, se deduce de que el Jefe del piquete entregaba la relación nominal de todos los fusilados, pero el Capellán- Administrador, ignoraba las listas nominales: los inscribía como desconocido” (Extraído del libro de Antonio Ontañón. Rescatados del Olvido).

Durante décadas se ha mentido al pueblo y se ha falseado la Historia. Las familias sí saben como fueron torturados, fusilados y encarcelados los que perdieron la guerra. Saben que no sólo se las encarcelaba, torturaba brutalmente y ejecutaba, sino que se tenía como consigna el darlas por desaparecidas, como si fueran animales, con el beneplácito del poder civil y la bendición de una Iglesia más preocupada por ascender en la jerarquía por sus méritos en la “Santa Cruzada”, y en pasear al dictador bajo palio, que en inscribir los enterrados en las fosas comunes de los cementerios con sus nombres. Estos, a su parecer, eran ovejas descarriadas de la ortodoxia religiosa, no eran hijos de su Dios.

Pero ya es hora de que se grite al bando de los vencedores, a los que ejercieron con  crueldad extrema la  brutal represión contra el bando “perdedor”, que no sirve eso de que eran unos mandados, que no bastan las bendiciones de los sacerdotes para exculparlos de su responsabilidad moral y política. Caídos fueron todos, pero héroes, hasta hace poco tiempo, eran solo los del bando nacional, y lo siguen siendo. Así, que estas gentes que dicen y cuentan y se empeñan en volver a contar la historia a su manera, a esta gente hay que decirles basta, que no tienen autoridad moral sobre el tema, que se terminaron las mentiras propagadas sistemáticamente por los historiadores oficiales del franquismo; que se acabó la impunidad y el dejar estar de los que pudiendo impedir tanta barbarie agacharon la testuz y se refugiaron en la impostura institucional del nacionalsindicalismo. Ya no hay disculpas contra la culpa.

Que se enteren de una vez y dejen de inventar enredos políticos, maniobras oportunistas y cuantas cosas se les ocurra. Sólo hay una verdad: los familiares quieren a sus muertos y nadie puede y, mucho menos los dirigentes, que en sus pueblos o ciudades aun conservan monumentos de auténticos criminales, decir ni una sola palabra sobre este tema
Ellos, los ganadores, han tenido todas las facilidades para escribir su historia y contar sus muertos, hacerlos presentes en plazas públicas, en el nombre de las calles, y glorificarlos en los púlpitos de iglesias y catedrales y hasta beatificarlos y canonizarlos. Ahora les toca a ellos, los olvidados, los enterrados en las fosas por las cunetas y cementerios, los desaparecidos, ahora les toca contar su historia y luchar por que se sepa toda la ignominia, falsedad, crueldad y terror, con que se forjaron los pilares de esa “España Grande y Libre, por la gracia de Dios”.

Texto: Sol L-Barrajón