PALOMA. No vuelvas a casa por Navidad.

10 Dic 2011
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Berto Romero

Esta semana se ha sabido que Ecologistas en Acción ha denunciado al párroco de Puebla de Don Fadrique (Granada) ante el Seprona de la Guardia Civil por disparar con una escopeta de plomos a las palomas del pueblo desde el campanario de la iglesia. Al parecer, el cura tenía la costumbre de subirse por las noches a lo alto de la casa de Dios y  abatir a tiros a los animales, eliminando así el exceso de estas aves. En su ejercicio de ángel de la muerte se acompañaba de un grupo de chicos menores de edad. Los ecologistas advierten de que hay métodos más incruentos para llevar a cabo esta acción. Y la Guardia Civil, por su parte, señala que no está permitido el uso de estas armas sobre nada que no sea un blanco tipo diana, y que los menores carecen de permiso para manipular estas escopetas.

Lo curioso es que no es la primera vez que oigo una historia parecida. Un amigo me contó que, siendo adolescente, ayudaba al cura de su pueblo a engalanar la iglesia para los festejos navideños. En estas que una paloma se coló por un agujero en el techo y comenzó a revolotear desorientada. En aquella ocasión, el sacerdote también tomó una escopeta de aire comprimido, que guardaba en la sacristía (no me pregunten para qué, me niego a pensar que sea un objeto de uso común en estos recintos) y se dispuso a hacer lo mismo que su colega de Puebla de Don Fadrique. En este caso, para poder apuntar mejor se subió al altar. Mi amigo me confesó que, en el momento no le dio más importancia, pero que cuando llegó a casa, reflexionó sobre aquello. La potencia de la imagen que había presenciado le sobrecogió. Porque aquel ministro de la Iglesia estaba disparando, desde el mismísimo altar, al símbolo que la institución religiosa atribuye al Espíritu Santo.

Me ha sorprendido mucho volver a escuchar una historia similar esta semana. Y otra vez, a las puertas de la Navidad. Me extraña que la denuncia haya partido de una asociación ecologista y que no haya sido la propia Iglesia la que haya puesto, con más propiedad que nadie, el grito en el cielo.