Aquí no se fía

Mienten más que hablan

Mariano Rajoy, que con tanta insistencia denunció "las mentiras de Zapatero", ha sido pillado in fraganti intentado colarle una cifra falsa de déficit a la Unión Europea. El Gobierno había comunicado oficialmente que el desfase entre los ingresos y los gastos del conjunto de las administraciones fue del 6,7% en 2012. Sin embargo, ahí no estaban incluidas todas las devoluciones del IRPF del año pasado, y los burócratas de Bruselas, como eran de esperar, se han dado cuenta. La diferencia no es muy grande dentro de la inmensidad del Presupuesto (alrededor de 2.500 millones), pero ha puesto de manifiesto, una vez más, esa inveterada costumbre de Rajoy de darnos gato por liebre. A la postre, el déficit de 2012 ha quedado al borde del 7% del PIB, muy por encima de lo comprometido por el Gobierno. Y eso sin contar con los 40.000 millones del rescate bancario, que no se cumputan por obra y gracia de la ingeniería contable.

En política interna, el coste de haber intentado engañar a la Unión Europea va a tener que asumirlo Cristóbal Montoro, que por algo es el ministro de Hacienda. Sin embargo, no parece que sus triquiñuelas con el déficit vayan a obligarle a abandonar un Gobierno que, al fin y al cabo, está lleno de farsantes. Hay compañeros suyos -como la ministra de Empleo, Fátima Báñez- que, puestos encubrir la verdad, no le van a la zaga. En cada comparecencia pública, sobre todo si tiene que ver con la reforma laboral, esta mujer exhibe sin pestañear un interminable catálogo de falsedades. La más reiterada de todas es que, gracias a las medidas adoptadas por el Gobierno, la situación del mercado de trabajo va un poco mejor, pese a que las estadísticas oficiales indican justamente lo contrario. Para demostrarlo basta con un solo dato: debido a su reforma laboral, en 2012 se perdieron más de 800.000 empleos, tantos como en 2010 y 2011 juntos. Por no hablar de que, bajo el mandato del PP, se ha alcanzado el ignominioso listón de los seis millones de parados.

El Gobierno suele resguardarse de las críticas aludiendo a la herencia recibida, que sin duda fue mala, pero que Rajoy no ha hecho más que empeorar en el año y pico que lleva instalado en La Moncloa. De todos los indicadores básicos de la economía, sólo uno ha mejorado con él -las exportaciones- y esa mejora no obedece a otra cosa que a la fuerte devaluación que se ha producido por la vía de los salarios. Una devaluación que, a cambio, ha hundido el consumo interno, impidiendo el crecimiento necesario para generar empleo. Hoy, en España, no sólo hay cada vez menos personas que trabajen, sino que los que trabajan ganan cada vez menos; es decir, que estamos en el peor escenario posible al que puede enfrentarse una economía como la nuestra. Nada tiene de extraño, por ello, la desconfianza con que han sido acogidas, incluso por el Banco de España, las optimistas previsiones oficiales para 2013, que no son, en el fondo, más que otra burda mentira del Gobierno.