Aquí no se fía

Un nuevo regalo de Rajoy a los empresarios

Con su catastrófica reforma laboral, Mariano Rajoy puso en manos de los empresarios un arma de destrucción masiva del empleo que muchos de ellos vienen utilizando a conciencia desde hace dos años. Y ahora, con la implantación de la tarifa plana, les brinda la oportunidad de pagar menos por sus trabajadores a la Seguridad Social, poniendo gravemente en peligro la sostenibilidad del sistema. Si el cambio legislativo de febrero de 2012 abarató el despido y acentuó la destrucción de empleo en España, la reducción de las cotizaciones puede provocar además otro seísmo en nuestro inestable mercado laboral.

El planteamiento inicial, anunciado por el presidente del Gobierno en el debate sobre el estado de la nación, encerraba cierta lógica: sólo podría aprovecharse la tarifa plana para la creación de empleo neto. Quedarían excluidas de esa posibilidad las empresas que en los seis meses anteriores hubieran reducido sus plantillas mediante despidos colectivos o individuales declarados improcedentes. Se evitaba así el riesgo de alentar un perverso fenómeno de sustitución de trabajadores sujetos a las cotizaciones previas al 25 de febrero por otros gravados con la tarifa plana de sólo cien euros mensuales.

Pero he aquí que esa cautela, tan aconsejable en un país lleno de ventajistas como el nuestro, ha desaparecido del decreto por el que se establece la medida, según el texto finalmente publicado en el BOE. Ya no será necesario llevar seis meses sin despidos para acogerse a la tarifa plana, sino que bastará con uno y, además, la improcedencia tendrá que haberla dictaminado un juez. Si la empresa la reconoce tras un acuerdo económico con el trabajador, como ocurre con bastante frecuencia para evitar los inconvenientes del proceso, el despido no será teniendo en cuenta a estos efectos.

Quiere ello decir que será perfectamente posible mandar empleados al paro para recontratarlos un mes y un día después, con el único objeto de esquivar buena parte de las cotizaciones sociales. El compromiso de permanencia que anunció Rajoy ha sido atenuado también: si la empresa prescinde del trabajador antes de transcurridos tres años, ya no deberá devolver todo el ahorro cosechado, sino una cantidad proporcional al tiempo que ha estado en vigor el contrato. De esta manera, el Gobierno renuncia a otro elemento disuasorio frente a quienes quisieran hacer un uso indebido de la tarifa plana.

Así las cosas, parece evidente que, en vez de poner en marcha un mecanismo efectivo para la creación neta de empleo, lo que ha hecho Rajoy es un nuevo regalo a los empresarios. Con el inconveniente añadido de que ese regalo no lo pagará él, sino que lo vamos a pagar todos. Porque, inevitablemente, al rebajar las cotizaciones sin que haya un muro de contención contra los abusos, la recaudación de la Seguridad Social se resentirá y no parece que el horno de donde sale el dinero de las pensiones esté ahora mismo para bollos.
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