Ya estamos tardando

Ha pasado un tiempo desde la resaca electoral y cabría preguntarse, ya que parece que a todos urge que la acampada de la Puerta del Sol se levante, cuál de los partidos, o miembros de los mismos que han manifestado su simpatía con la protesta y con las reivindicaciones que se demandan, está dispuesto a sacarlas adelante. La situación resulta paradójica en tanto gran parte de las propuestas va dirigida, precisamente, contra la clase política, a la que se acusa de despilfarradora, privilegiada, insensible a los problemas de la ciudadanía y excesivamente tolerante con los casos de corrupción. No es frecuente, o desde luego no tenemos constancia en la historia reciente, de que los diputados legislen contra sí mismos; desconocemos la figura del diputado suicida en términos jurídicos, pero se están reclamando cosas con las que ningún ciudadano decente puede estar en contra.
Ante la dramática situación que vivimos, es inevitable que el sector más afectado por la crisis exprese su malestar al enfrentarse a una realidad que tiende a cronificarse en esa especie de decadencia política, en la que el destino parece inexorable. A nadie puede caberle duda de que, sin estas acciones catalizadoras, la nave quedaría para siempre estancada en la charca del “pragmatismo y la coyuntura”.
Participación piden los que mandan, y participación se da, sobrada, pero útil, no para administrar voluntades desde el letargo y la derrota. Tocan tiempos de valentía, soluciones, coherencia y, llegado el caso, ponerle el cascabel al gato. Caiga quien caiga.