Opinion · Balagán

Veinte olivos de dos mil años

Un hombre de cierta edad de Beit Yala, justo al sur de Jerusalén, me comentó el sábado que Israel va a expropiarle otro terreno de su finca para ampliar una de las carreteras que usan los colonos judíos entre Jerusalén y Hebrón.

Hace algunos años ya le expropiaron un buen pedazo de tierra y ahora, con la ampliación de la carretera, van a incrementar la expropiación.

Desde la finca se ve el muro que han construido los israelíes para proteger la carretera, en un terreno que hasta hace poco era de este hombre.

Los mismos israelíes que amplian la carretera para los coloonos no le dejan a él arreglar el carril de tierra que lleva desde Beit Yala hasta su finca. El ejército no se lo permite. Los militares no dan ninguna explicación pero no le dejan arreglar el carril, una senda muy deteriorada que los coches tienen que recorrer muy despacio.

En esta finca el hombre tiene algunos árboles frutales, de melocotones, peras y albaricoques. Son para su uso particular. Esta ha sido una buena temporada y hay fruta en abundancia. Él no la ha recogido puesto que al precio que se la pagan a los agricultores no merece la pena.

El hombre tiene a poca distancia otra finca que también se la han expropiado los israelíes para construir una carretera. “Tenía allí veinte olivos que los han arrancado”, dice.

“Eran olivos muy viejos. Para circundarlos se necesitaban dos hombres con los brazos abiertos. Por lo menos tenían dos mil años. Ahora deben estar en Tel Aviv”, dice.

Israel no solo le arrancó los olivos sino que se los llevó a Dios sabe dónde, quizá a casas de ricos de Tel Aviv. Está de moda presumir de olivos viejos en ciertos ambientes de ricos. Sus olivos se los llevaron sin pedirle permiso, a saber por cuánto los habrán vendido y que casas o parques de Tel Aviv estarán adornando.

Todo esto se hace a la luz del día, sin que la Unión Europea intervenga. Sin su intervención se ha llegado a esta situación que no permite tener ninguna esperanza.