Una china en el zapato

Underground

Cortázar escribió un cuento, "La autopista del sur", en el cual un descomunal atasco obliga a los ocupantes de los vehículos a gestionar el parón, físico y existencial. Nuestra vida se parece cada vez más a esa autopista; estamos atrapados en algo que desquicia los nervios y parece  a priori imposible de resolver. Hace unos días un periódico nacional, sobre la foto de tres grandes banqueros, anunciaba: "solo sobrevivirán los más fuertes". En otra sección informaba que a los españoles que han emigrado a Noruega para evitar la indigencia se les llama "los refugiados del euro".

      La verdad es que ante esta perspectiva dan ganas de meterse en un búnker bajo tierra. Y de alguna manera esto es lo que ocurre, me parece, en el mejor sentido posible. Cuando las cosas se ponen tan feas ahí arriba, en el discurso oficial, en el establishment, algo empieza a moverse con más fuerza en el subsuelo. Últimamente los lazos se van haciendo más fuertes ahí abajo y la red más tupida: centros autogestionados, proyectos de cooperación, publicaciones alternativas, movilizaciones, organizaciones y colectivos que suman, y que quizás acaben construyendo algo sólido que terminará emergiendo.

      Cortázar escribió otro cuento menos conocido: "Texto en una libreta". En él, una sociedad secreta se mueve en la red de metro de manera paralela a la calle. Las dos narraciones, la de la autopista y la del metro, parecen el relato de nuestros días: contra el parón de ideas que asola la superficie, ahí están las sacudidas del underground.