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La boda de Guille y Cata: de resaca

El príncipe Guillermo y la princesa Catalina ya son marido y mujer después de que ayer se dijeran a todo que sí en la abadía de Westminster en una boda por la que vimos desfilar lo más granado de la internacional monárquica: la reina Isabel II, que logró lo que nunca hubiéramos imaginado: fundir en su sola figura a dos entrañables personajes –a Piolín y a su dulce anciana propietaria– en un claro homenaje a los Looney Toons.

Otra mención especial para las hijas de Sarah Fergusson –las ‘fergiettes’ Beatriz y Eugenia–, que aparecieron tal y como las ven en lo que, sospecho, no fue más que una nueva venganza de su madre contra los Windsor.

Respecto al plantel nacional, hay que admitir que la reina Sofía llevaba un traje terrible de Margarita de la Nuez, más propio de Rita Barberá para una boda en Estepona que de un regio bodorrio.

Espléndido el McQueen de la hermana de la novia, Pippa Middleton, y el VB de Victoria Beckham, cuyo marido optó por no ponerse el sombrero para no despeinarse.