Cartas de los lectores

24 de abril

Setenta y dos años esperando una reparación
Setenta y dos años esperando a que se reconociera que mi padre, asesinado, no era un enemigo de la sociedad, ni un peligroso delincuente, sino un honrado trabajador afiliado a Izquierda Republicana.
Setenta y dos años recordando cómo en el pueblo de Espiel (Córdoba) el grupo de falangistas y señoras devotas hacía ostentación de su religiosidad y altruismo mientras alternaba con la recogida de firmas para asesinar a inocentes, rapar las cabezas de algunas vecinas, darles ricino y presenciar cómo se ensuciaban encima, sin remedio, en mitad de la calle, para escarnio público. Eran ellos quienes, al salir de misa de 12, reunidos ante la casa cuartel, presenciaban las palizas a detenidos atados previamente a las rejas de las ventanas del cuartel. Aquello fue gravísimo, y más aún que hoy en día los asesinos quieran juzgar a sus víctimas.
Setenta y dos años esperando que la verdad se conociera públicamente para dejar de ser, implícitamente, cómplices de aquellos criminales. Un solo hombre, un juez, nos trajo una ola de esperanza. Llegamos a creer, por unos días, que la dignidad nacional sería recuperada. Falsa ilusión y gravísimo error el de Garzón creyendo que ya podíamos hablar de genocidio franquista. La Falange Española y de las JONS lo llevará al banquillo. La verdad de Franco es inamovible: "Todo está atado y bien atado".
Luis López Rodríguez

El futuro truncado de ochenta familias
En 2007 se constituyó la cooperativa de viviendas de protección pública Jardines de Valdebebas para beneficio de unas 80 familias en disposición de poseer una vivienda pública. El día 25 de marzo, se procedió a la disolución de la cooperativa por falta de fondos por no poder hacer frente a las deudas. Ochenta familias hemos perdido los ahorros de toda una vida (más de 120.000 euros de media) en una auténtica estafa camuflada de mala gestión por parte de la gestora Gesteco, más la desidia y la falta de profesionalidad de la aseguradora Asefa. Algunos ya no podremos formar una familia ni vivir dignamente. Estamos condenados por muchos años a un futuro negado.
David Barreña Molina / Madrid

‘Salvem El Cabanyal, salvem la democràcia’
El Gobierno de Rita Barberá emplea de nuevo la estrategia de derribar aquello que le estorba. Ya lo hizo en su día con los inmigrantes que sobrevivían bajo los puentes de Valencia y ahora es el turno del barrio pesquero de El Cabanyal.
El Gobierno valenciano respalda sus decisiones en la legitimidad de las elecciones y en una supuesta "voluntad mayoritaria de los vecinos de los barrios del Marítimo". ¿Es esto suficiente? No se favorece el pacto social, nadie pregunta y es necesario encubrir las acciones, incluso, llamando a la policía. Además, en ningún momento se ha fomentado un plan alternativo para la mejora de las condiciones de vida, ya que es más práctico obviar los problemas y perseguir los intereses propios.
Sin embargo, se continúa hablando de democracia. Democracia en un Gobierno plagado de corrupción, en el que el diálogo se convierte en críticas y argumentos de exculpación, donde no importan las preocupaciones de los ciudadanos, sino las actitudes que generen beneficios al ayuntamiento.

Hay que recapacitar sobre la manipulación y los abusos que el Gobierno del PP está ejerciendo sobre los vecinos del barrio de El Cabanyal. No es suficiente haber alcanzado la democracia, sino que debemos aprender a mantenerla resistiendo y oponiéndonos a este Gobierno egoísta que ofrece una imagen degradante y vergonzosa del civismo democrático.
Elisa Simó Soler

Debemos ofrecer un mundo más decente a nuestros hijos
Desde la esfera política ha surgido un nuevo término para definir la siguiente etapa o meta social de la humanidad: el desarrollo y la economía sostenible. La verdad es que suena bien, pero, aparte del preámbulo donde se presentan las bondadosas intenciones generales, la duda se plantea a la hora de saber quiénes serán los beneficiarios del progreso y hasta cuándo será sostenible. Porque si sólo se trata de un nuevo logotipo, aunque conservando o, incluso, incrementando las injustas desigualdades sociales, los millones de kilómetros de muros de la vergüenza, las enormes sumas de dinero invertidas en armamento... ¿acaso podemos ya respirar tranquilos?
Cualquier objetivo al respecto será un fiasco si no somos capaces de ofrecer un mundo más decente a nuestros hijos.
Alejandro Prieto Orviz / Gijón (Asturias)

No dejen de escuchar sus testimonios
El mundo no se divide en derechas o izquierdas, en tener dinero o fama, sino sencillamente en ser buenas o malas personas.
Leo los testimonios de la pobre gente que sufrió la mal llamada Guerra Civil española (genocidio encubierto): torturas, desapariciones, humillaciones, miseria… y no puedo contener las lágrimas.
Hay que tener poca vergüenza, un corazón podrido y un desprecio absoluto por la vida para no permitir que miles de personas puedan enterrar dignamente a sus seres queridos, y que encima se permitan el lujo de llevar a juicio a la persona que más ha hecho por la libertad y la justicia dentro y fuera de España.
Mucho me temo que las heridas cicatrizadas están volviendo a sangrar y que este hecho, además de dar la vuelta al mundo, marcará un antes y un después en la historia de este país.
Carlos Alcocer / Madrid