Opinion · Ciudadano autosuficiente

Un coche revolucionario

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Jesús Alonso

Nadie puede negar los orígenes totalitarios del coche de motor de explosión en propiedad. Tanto Hitler como Mussolini promovieron la idea de coches populares que todo el mundo pudiera comprar (el Wolkswagen y el Balilla, respectivamente) y Henry Ford, inventor del exitoso Ford Modelo T, era ultraconservador. Esto tiene una explicación, el coche es el mejor instrumento de control mental de las masas después de la hipoteca. El Sistema sabe que un país donde casi todo el mundo tiene un coche es un país seguro. El coche puede sustituir con ventaja a la familia y a la religión en su papel de corsé social, de dique contra la anarquía y la expresión de los bajos instintos humanos.

Un coche convencional requiere una atención constante para aparcarlo, repararlo y alimentarlo de gasolina, lo que deja poco tiempo para rumiar ideas peligrosas en la cabeza. Además, el Estado mantiene un vínculo de control férreo con todos y cada uno de los coches que circulan por el país, llamado precio de la gasolina. El precio de la gasolina reduce la política a un grado que todo el mundo puede entender: bajar la gasolina es bueno, subir la gasolina es malo. La culpa de la subida del precio de la gasolina la tiene … (rellenar con el chivo expiatorio que proceda).

Por esta razón, las políticas conservadoras apoyan el coche convencional sobre todas las cosas. En España se acaba de aprobar el plan PIVE nº 8, con más de 200 millones de euros. El PIVE ha recibido casi 2.000 millones en pocos años. Todo es poco para apoyar el coche de gasolina, el verdadero puntal de la sociedad.

Ese mismo día se aprobó el Movele para 2015, dotado con siete milloncejos de euros. ¿El Movele? Claro, nadie lo conoce. El Movele es el plan de apoyo al vehículo eléctrico. Es una herencia de anteriores gobiernos que se continúa con discreción: total, se venden poco más de mil coches eléctricos contra un millón de coches convencionales. No hay peligro. Y es que el coche eléctrico es una  amenaza, es un elemento claramente antisistema. Esto merece una explicación. ¿Por qué abrir la puerta al coche eléctrico es tan peligroso para el Sistema Dominante?

El coche eléctrico va en el mismo paquete que las energías renovables. Y las energías renovables las puede producir cualquiera en su propia casa, lo que es completamente anarquista (vean si no el famoso decreto a-punto-de-salir que penaliza el autoconsumo, es decir, poner paneles solares en el tejado de nuestras casas).

El coche eléctrico aparca donde le da la gana, no tiene las restricciones al respecto del coche convencional. Tampoco necesita reparaciones constantes, como no las necesita un frigorífico o una lavadora. Y no necesita conectarse al sistema petrolero mundial mediante la gasolinera más próxima: puede encontrar combustible en cualquier parte, y ese “combustible” puede ser incluso fabricado por el mismo usuario.

Así que ya lo sabes: si te vas a comprar un coche, mércate un eléctrico. El coche eléctrico ha sido convertido, por obra y gracia del sistema financiero-fósil dominante, en un elemento progresista, buenista, feminista, izquierdista, alternativo y hasta simpático.