Opinion · Ciudadano autosuficiente

Cinco maneras de distinguir los gatos de las liebres

mercado

 

“Cortezas de cerdo, bolsa de 120 gramos. Ingredientes: Corteza de cerdo frita en su propia grasa y sal.” Supongamos que este honestísimo producto cae en manos de la alimentación industrialista. Veríamos algo como esto:

“Snack tradicional de nuestra granja. Deliciosos crujientes rústicos de suidos selectos criados en la naturaleza. Contiene: Sodio (en % CDR): 2,3 %, lípidos 17,2% IR. No contiene gluten.”

Esto también se puede hacer al revés. Por ejemplo, la definición honesta de muchos cereales de desayuno sería así:  “Cereales machacados empapados en azúcar, grasas de origen diverso  y sal”.

Por desgracia, muchos alimentos de uso corriente no se anuncian y describen de manera veraz, sino disfrazada y aviesa. De esta forma, generan mucho más valor (traducción: hacen ganar dinero a espuertas a los dueños de la empresa). Como daño colateral, también generan la actual epidemia de obesidad, diabetes, enfermedades cardivasculares y otras sevicias. Hay que protegerse, pero ¿cómo distinguir la información real de la amañada?

Con un poco de práctica, podrás distinguir los insanos productos de la alimentación industrialista de una vistazo. Aquí tienes cinco indicadores infalibles de comida de mala calidad y de la que conviene huir:

1. Se anuncia en TV y/o de manera masiva.

Una campaña publicitaria masiva y/o en TV es muy cara e indica que el volumen de ventas importa más que la calidad del producto.

2. Contiene mensajes impulsando un “estilo de vida saludable”, o recomendando “alimentación equilibrada y ejercicio físico”.

Son un indicador infalible de que el alimento en cuestión es insano.

3. Es anunciada por un famoso (especialmente un futbolista).

Las celebridades son usadas como cortinas de humo para que no se vea la mala calidad del producto.

4. Sugiere que está hecho a mano, artesanalmente, con mimo y esmero.

(Suelen usar expresiones melifluas como “elaborado por nuestro maestro quesero, chocolatero, pastelero”, “seleccionado en el punto perfecto de maduración”, etc. o términos absurdos: “verduras de la huerta”, “pollo de corral”,  “reserva de la familia”, “fruta de temporada”).

Indica una producción masiva con bajos estándares de calidad.

Una variante es usar imágenes de la arcadia rural: niños sonrosados correteando por el campo, venerables ancianos, paisajes idílicos, trigales bajo el sol, vergeles, aldeanas con capacho y sombrero de paja, etc.

5. Contiene alguna de estas cinco palabras: sin, bajo, aporta y fuente.

Dice que el alimento en cuestión es “sin” algo o “bajo” en algo (lactosa, azúcar, grasas, colesterol, gluten, sal) o al revés, que “aporta” algo (vitaminas, fibra, etc.). También se usa la expresión “es fuente de” (energía, calcio, hierro, etc.). Variante: “enriquecida” (con calcio, vitaminas, etc.)

Indica un alimento aniquilado, reconstruído artificiosamente en una versión de baja calidad tuneada para seducir nuestras papilas gustativas. Es el truco del nutricionismo: ya no nos venden comida, nos venden nutrientes y elementos aislados de la comida. Un ejemplo muy bueno es vender serrín a precio de oro bajo el disfraz de salvado para facilitar el tránsito intestinal.

Información adicional (lo que venía ser un bonus track)

Hay muchos otros indicadores, por ejemplo insertar en el nombre del producto una referencia a la enfermedad real o supuesta que combate (Densia > reducción de la densidad de los huesos, Danacol > alto nivel de colesterol, Activia > actividad intestinal perezosa). O usar  el truco de las CDO (Cantidades Diarias Orientativas” o Ingestas de Referencia, de manera que el producto “aporta” un porcentaje determinado de “tus necesidades”, dándole un empaque alimentario que no merece. O utilizar el aval de una sociedad científica o médica cualquiera. O, para terminar, un clásico: que contenga la palabra “natural”, “orgánico”, “bio”, “eco”, etc. sin etiqueta ecológica oficial que lo demuestre.