Opinion · Ciudadano autosuficiente

La carraspera del ecologista

Todos los años pasa lo mismo. Tras una o dos semanas sin llover y con viento flojo, en invierno, le entra a uno una flojera preocupante. La garganta parece de papel de lija, los ojos lagrimean, se suceden las salvas de estornudos. No hace falta ir al médico, lo que tienes es la carraspera del ecologista.

Esta enfermedad, más común de lo que parece, afecta a la población concienciada con el medio ambiente, entre los 20 y los 70 años, que vive en grandes ciudades con mucho tráfico. Funciona por sugestión psicosomática. El paciente lee en la prensa digital que se ha activado la fase 1 del protocolo de contaminación y empieza a manifestar los síntomas. Activaciones de las siguientes fases del protocolo los empeoran.

Algunos enfermos graves consultan incluso la web municipal donde figuran los datos de contaminación en tiempo real. Aquí se puede ver un ejemplo, los datos para Cuatro Caminos al final de la mañana del 14 de enero. El enfermo mira el dato alcanzado hacia las 12 del mediodía y le da un pasmo. ¡180 microgramos de óxidos de nitrógeno! Eso debe ser casi mortal (ver gráfico adjunto).

Pasan los días con altibajos, dentro de un estado general de malestar, hasta que por fin llega la borrasca invernal, con lluvia y viento fuerte. Eso limpia la atmósfera de tal manera que todos los indicadores de contaminación se ponen en verde. Los enfermos (imaginarios) de la contaminación mejoran en pocas horas.

Se levantan todos los protocolos anticontaminación, si estaban activados. Pasan los días y llega la siguiente situación de estabilidad de la atmósfera, y el siguiente episodio, y el siguiente ataque de esta  insidiosa enfermedad, la carraspera del ecologista.

Se sabe que es una enfermedad imaginaria porque la contaminación es legal, y las autoridades sanitarias, lo mismo que no nos dejan fumar, no permitirían que respiremos un aire contaminado malo para la salud. Es verdad que algunos días u horas la concentración de contaminantes supera el límite legal, es decir, el aire de la ciudad se convierte en delincuente. Pero no pasa nada, las autoridades hacen la vista gorda y al cabo de unos días o semanas la borrasca devuelve al aire a la legalidad.

Si tienes la carraspera del ecologista, que es una enfermedad imaginaria, porque la contaminación en sus límites legales es completamente inocua, puedes usar estos trucos para superarla:

– Piensa que la contaminación es un fenómeno natural. Prueba de ello es que desaparece en cuanto llueve y hace viento.

– No vuelvas a leer noticias sobre contaminación, solo agravarás tu estado. Ni se te ocurra consultar la web municipal con datos de concentración de contaminantes en tiempo real.

– Pon en la balanza dos cosas: tus pulmones y la riqueza de un país, expresada por su coches, industrias y calefacciones. ¿Qué pesa más?

– Despreocúpate del medio ambiente en relación con la salud. Si dejas de fumar y beber, llevas una dieta equilibrada y practicas deporte con regularidad, podrás respirar todo el aire contaminado que quieras.

Y recuerda la famosa frase: los que contaminan son los otros.

Jesús Alonso Millán