Opinion · Ciudadano autosuficiente

Tres pánicos modernos

Photo by sean Kong on Unsplash

Las prospecciones sociológicas demuestran una y otra vez que las graves amenazas, cuanto más grandes son, menos son consideradas como tales. Nos preocupa mucho más el atasco de nuestro fregadero que el aumento de la temperatura del planeta, y que se nos quemen las tostadas del desayuno nos concierne mucho más que la sopa de plástico en que se están convirtiendo los océanos.

También nos preocupa más la sospecha o lejana probabilidad que los hechos ciertos. La amenaza de la enfermedad de las vacas locas produjo algo más de un centenar de víctimas en toda Europa en dos décadas, pero provocó una vigorosa acción de los gobiernos que, entre otras cosas, exigió la muerte e incineración de millones de cabezas de ganado. En esos 20 años murieron en accidente de tráfico en Europa del orden de medio millón de personas, una cifra que se considera normal y soportable.

Los pánicos modernos son muchos, además de las lejanas amenazas del cambio climático, la sopa de plásticos, las vacas locas o los accidentes de tráfico. Últimamente se está hablando mucho de estos tres, que son incompatibles con una vida sostenible y relajada:

Si tienes sed, ya estás deshidratado. Olvidando los millones de años de evolución que han diseñado la sofisticada fisiología humana, el mensaje que se repite en los medios es que cuando tenemos sed ya es demasiado tarde: ya estamos deshidratados, nuestro rendimiento intelectual disminuye, aumenta el riesgo de accidente cardiovascular, etc.

Solución: beber cada día de 2 a 2,5 litros de agua, repartidos a poder ser en tomas cortas cada 30 minutos. Así que hay que ir todo el santo día con una botella de agua bajo el brazo, que lógicamente será de plástico y que tendremos que comprar (ver la sopa marina de plásticos).

Realidad: excepto en el caso de niños muy pequeños y adultos con alguna enfermedad, la sensación de sed funciona muy bien para indicarnos cuando deberíamos reponer líquidos.

No tomas suficiente calcio. El calcio es el rey de los nutrientes, esa colección de sustancias bien definidas que deben entrar en nuestro cuerpo en cantidades bien medidas día tras día si no queremos que nos pasen cosas horribles. En este caso se nos amenaza con huesos frágiles (osteoporosis) y otros graves problemas fisiológicos.

Solución: tomar mucha leche y lácteos en general, incluyendo postres lácteos y yogures de sabores. Lo que implica multiplicar las compras de productos lácteos, y eso implica llenar la casa de tarritos y bricks de estas sustancias. Si eres intolerante a la lactosa no hay problema, todos estos productos se venden en versiones sin. Tomar más lácteos, como comer más carne, implica aumentar considerablemente la huella ecológica de nuestra alimentación.

Realidad: el calcio es importante, pero hay muchos indicios de que los lácteos son una más de las muchas fuentes de esta sustancia disponible en la naturaleza. Por ejemplo, las sardinas en conserva o las verduras de hoja verde.

Si no duermes tus horas reglamentarias, te pasarán cosas horribles. No vale decir que solo necesitas cuatro o cinco horas y que luego te echas una siesta. Son siete u ocho horas de tirón o nada. Las consecuencias nefastas de no dormir a pierna suelta son innumerables, y van desde engordar al cáncer.

Solución: en este caso no hay solución (al menos comercial) fácil. Puedes tomar infusiones o pastillas para dormir, o seguir las instrucciones detalladas sobre cómo dormir bien (que incluyen colocar el móvil apagado en otra habitación). En general los que no duermen bien (que somos muchos) terminan por obsesionarse y probar toda clase de trucos, que en general no funcionan (Nota: hay que distinguir un severo trastorno del sueño, muy peligroso, de simplemente ser de sueño ligero). Los galeotes del mal dormir terminan enganchados a toda clase de soluciones (medicamentos, ejercicios, ayuda profesional, aparatos diversos) que terminan por agotar sus energías y parte de su dinero, además de aumentar su huella ecológica de manera no desdeñable.

Realidad: claro que dormir ocho horas de un tirón y levantarse fresco y descansado como una lechuga es un hermoso objetivo. Pero parece ser que los humanos estamos diseñados para sueños entrecortados, al parecer con períodos de vigilia bastante prolongados entre el primer sueño y el segundo (en la Europa del norte, una noche de invierno de 16 horas sin buena luz se podría hacer muy larga). Otros investigadores señalan que es común en comunidades de cazadores-recolectores que nunca haya un momento en que toda la comunidad esté dormida, todo el mundo duerme de manera intermitente, lo que garantiza que siempre haya alguien despierto a cualquier hora de la noche.

Jesús Alonso Millán

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