Opinion · Ciudadano autosuficiente

¿Te conviene un estilo de vida sostenible?

 

No todo es montar en bicicleta y masticar zanahorias. Photo by Alexander Schimmeck on Unsplash

Muchas personas, cuando oyen la palabra “sostenibilidad” unida a “vida cotidiana” se echan a temblar. ¡Ya están aquí los que quieren que comamos únicamente verduras y vayamos a todas partes en bicicleta! La caricatura del ciudadano que quiere salvar al planeta está bien establecida, e incluye dar la brasa a familiares y amistades por no separar los residuos, o derrochar energía, o comer demasiada carne, o no apearse del coche, etc. En general, se considera que el estilo de vida sostenible es incómodo, trabajoso y apto solo para personas sacrificadas.

Puede que eso fuera así hace una década, pero las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Ahora tenemos un arsenal de argumentos, comportamientos y tecnologías de los que no disponíamos entonces. En conjunto, han convertido el estilo de vida sostenible en algo envidiable. Vamos a ver algunos ejemplos.

Existe una enorme oferta de energía renovable al alcance de todos los bolsillos. Estas compañías “verdes” te garantizan un suministro eléctrico renovable a muy buen precio, y también puedes unirte a una cooperativa de consumo que baja todavía más el coste de la factura de la luz.

La nueva tecnología de control del consumo de energía convierte la eficiencia energética en una tarea fácil. Se trata de termostatos inteligentes, apps que regulan automáticamente la climatización y sencillos sistemas domóticos fáciles de instalar. Lo mejor es que ahorrar energía equivale a ahorrar bastante dinero.

El acceso a una alimentación sostenible mejora a pasos rápidos. Además de la presencia creciente de alimentos ecológicos en supermercados, proliferan las tiendas a granel, los grupos de consumidores (por ejemplo, te llevan una cesta de verduras una vez a la semana a tu casa) y los alimentos veganos. Eso sin contar las apps que nos indican en un clic si el alimento que escaneamos nos conviene o no. Así mismo, la trazabilidad de los alimentos ha mejorado mucho, lo que nos permite elegir fácilmente comida cultivada lo más cerca posible de nuestro domicilio.

Ya no tenemos que elegir entre el transporte público y el privado. Ahora tenemos a nuestra disposición una creciente oferta de vehículos compartidos, que incluye coches y motos eléctricas, patinetes y bicicletas. Sin contar con que la flota de “ubers” y taxis es cada más accesible y a buenos precios. Usar el coche propio en ciudad es ya una opción entre muchas, y no la más cómoda.

La retirada paulatina de las bolsas de plástico es una señal de que el problema de los envases desechables está comenzando a solucionarse. Ya no se mira raro a la ciudadana que va al mercado con una colección de tápers de cristal para que se los rellenen de pescados, carnes o encurtidos.

El ahorro de agua no se practica de manera tan consciente como el de energía, pero lo cierto es que el consumo en general no deja de descender paulatinamente en las últimas décadas, gracias a un consumo cada vez más economizador. Ya estamos todos más que familiarizados con dispositivos como los perlizadores de mezcla de aire con agua en los grifos o las cisternas de WC de doble tecla o de parada a voluntad. Y ya nadie mantiene una terrazas o plantas o un pequeño jardín sin instalar un sistema de riego economizador.

Tal vez lo más importante sea un cambio general de actitud. El estilo de vida sostenible está resultando ser más cómodo que el insostenible, es generalmente más barato y además tiene una huella ecológica reducida. Eso quiere decir que es un estilo de vida bueno para convivir: implica una coexistencia pacífica con nuestros vecinos, a los que molestamos lo menos posible con nuestros humos, basuras o ruidos. Y supone una posibilidad de que todo el mundo disfrute de un estilo de vida decente en todo el planeta.

 

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