Con negritas

El derrumbe del sistema financiero valenciano

La adjudicación de la CAM al Banco Sabadell, anunciada la semana pasada, es un nuevo paso hacia el total desmantelamiento del sistema financiero valenciano. Un sistema que fue el orgullo de la comunidad durante años  y, por lo mismo, un plato demasiado apetecible como para que los políticos vencieran la tentación de meter glotonamente la cuchara en él.

El resultado de su voracidad está en la mente de todos: las dos grandes cajas de la región (Bancaja y la CAM) se embarcaron en proyectos temerarios, que con el tiempo destrozaron su solvencia. Nunca se sabrá con exactitud cuánto dinero enterraron en la feroz depredación urbanística de la costa levantina y en las descabelladas obras públicas que ambas se prestaron alegremente a financiar.

Cuando la crisis estalló, FRANCISCO CAMPS, president aún de la Generalitat, intentó fusionarlas para tapar sus vergüenzas por el viejo procedimiento de lavar los trapos sucios en casa. Pero ni la magnitud del problema, ni las disputas territoriales (Bancaja está más arraigada en Valencia y la CAM, en Alicante), ni sus propias cuitas judiciales le facilitaron el empeño.

Lo que vino después también es sabido: Bancaja buscó cobijo bajo el paraguas de Caja Madrid y juntas fundaron BFA, matriz de Bankia. La CAM, tras encallar la fusión con Cajastur, intentó ilusamente seguir su camino en solitario, hasta que el Banco de España le salió al paso y procedió a su intervención.

La guinda de tan amargo pastel ha sido la caída del Banco de Valencia, una antigua filial de Bancaja heredada por BFA y en cuyo consejo estaban representadas conocidas familias de la burguesía local. El Estado tuvo que salir recientemente en su auxilio ante la negativa de los propietarios a poner los fondos necesarios para recapitalizarlo.

Al frente del Banco de Valencia estuvo hasta hace poco JOSÉ LUIS OLIVAS, que sigue siendo presidente de Bancaja y al que le cabe buena parte de la responsabilidad por la debacle. Él abrió la puerta al desembarco masivo de políticos en las cajas valencianas cuando trabajaba en la Generalitat a las órdenes de EDUARDO ZAPLANA. Olivas ha empezado a irse en medio del oprobio, pero la comunidad  tardará en recuperarse de su funesto legado.