Salud en positivo

La malaria continúa devastando

Ilustración de Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar.
Ilustración de Verónica Montón Alegre.

La pandemia del COVID-19 ha supuesto que muchos recursos sanitarios y de otra índole hayan sido destinados a su control, por lo que muchas otras necesidades de salud han quedado desentendidas. En los países con recursos limitados se han visto severamente afectadas las estrategias para reducir la mortalidad de las enfermedades transmisibles. Entre ellas la malaria, que es de las más letales: se ha estimado que en el actual trasfondo de la pandemia por coronavirus la mortalidad podría alcanzar a cerca de 700.000 personas solo en el área del África subsahariana.

Malaria: el agente y su distribución

La malaria o paludismo está producida por un parásito que fue identificado hace más de cien años y del que se distinguen cuatro especies: Plasmodium Falciparum (la infección más letal), P.Vivax, P.Malariae y P Ovale. El agente es un mosquito, el Anopheles, que hace la función de vector transmitiendo   por picadura el parásito de una persona enferma a una sana. Hace cien años la malaria era endémica en una amplia franja de Europa y América del Norte, pero ahora solo aparecen en estas áreas algunos casos importados. En España quedó oficialmente erradicada en 1963.

La prevención de la malaria en los países endémicos se basa en la lucha contra los vectores (mosquitos) por medio de insecticidas, esterilización y uso de mosquiteras tratadas con insecticidas y repelentes. También con la utilización fármacos preventivos durante el embarazo y en niños menores de cinco años, en los países con elevada carga de la enfermedad.

Una carga de 200 millones

Se calcula que se producen más de doscientos millones de nuevos casos al año, y de ellos más del 90% se dan en África Subsahariana, sobretodo en Nigeria, Republica Democrática del Congo, Uganda, Costa de Marfil, Mozambique y Níger. Dos terceras partes de las muertes son de niños con edades inferiores a los cinco años.

La Organización Mundial de la Salud  aprobó  una estrategia mundial  contra la malaria  ( 2016-2030) con el objetivo de que en 2030  se  reduzca en un 90%  la carga  de mortalidad. Es cierto que ya se ha ido reduciendo, pero en los últimos años ha quedado estancada y es de desear que la Covid-19 no frene los servicios de salud esenciales para que no se produzca un repunte. De hecho, el objetivo que se preveía para el 2020, sin tener aún conocimiento de la pandemia sobrevenida, era reducir en un 40% la incidencia de casos y las tasas de mortalidad y conseguir eliminar la malaria en al menos diez países. Este objetivo no se ha cumplido.

Las vacunas como meta para eliminación de la enfermedad

La malaria es la enfermedad infecciosa parasitaria de mayor impacto en salud pública, afecta al 40% de la población en 97 países de América Central y del Sur, Asia y África Subsahariana. La dificultad para el desarrollo de una vacuna eficaz radica en la variabilidad (polimorfismo) que produce que las vacunas que se desarrollan contra una proteína específica no sean eficientes frente a otras variantes. La otra dificultad es también la limitación de recursos económicos destinados a financiar proyectos para su desarrollo.

A pesar de esto, y coincidiendo con el día mundial contra la malaria, en 2019 se inició un programa piloto coordinado por la OMS, en niños de tres países africanos Ghana, Kenia y Malawi, con una vacuna antipalúdicas Mosquirix ( RTS,S/AS01 de GSK). Se trata de una vacuna recombinante y adyugada y los datos de los ensayos iniciales habían demostrado que se lograba una reducción del 40% de los casos en niños pequeños. Esta eficacia es limitada si la comparamos con las vacunas que utilizamos frente a virus o bacterias, pero importante al tratarse de una enfermedad con alta letalidad. Hace seis meses casi medio millón de niños habían recibido la primera dosis de esta vacuna.

Unos días atrás la Universidad  de Oxford ha notificado  (The Lancet) el diseño de una vacuna  contra la malaria (R21/Matrix-M) que  presentaría un 77% de eficacia durante los doce meses de  seguimiento. Es resultado de un ensayo clínico en fase II b realizado   en Burkina Faso en 450 niños de entre 5 a 17 meses. Se ha iniciado la fase III de la investigación en la que se proponen reclutar a 4.800 niños de entre 5 meses y tres años de cuatro países africanos, para evaluar la seguridad y eficacia a gran escala.

La malaria mata e intensifica la pobreza.

La malaria entra en las llamadas enfermedades de la pobreza, que constituyen el núcleo de las dolencias desatendidas u olvidadas. Y esto debe ser recordado, aunque sea solo una vez al año, como hoy 25 de abril día mundial contra la Malaria.

Las enfermedades que asolan las zonas empobrecidas del planeta se benefician de dos circunstancias:  los países donde con mayor frecuencia anidan no pueden responder con acciones sociales y sanitarias. Por otro lado, los avances en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento frente a ellas no se producen porque la tecnologías e investigación están en manos de los países ricos que no sufren estas enfermedades. Por tanto, el desarrollo de investigaciones para hacerles frente no es considerado prioritario ni rentable, ya que el potencial "mercado" no dispone de poder adquisitivo. Solo se movilizan recursos cuando se piensa que puede suponer un peligro para sus sociedades.

El viejo concepto de salud internacional ha puesto énfasis en los programas dedicados a atender enfermedades específicas, sobre todo de naturaleza infecciosa, y se ha olvidado (como nos ha demostrado el Covid-19) de articular un sistema de salud global con acciones de vigilancia epidemiológica, desarrollo de vacunas, investigación y mejoramiento en las condiciones sanitarias y de vida de los pueblos.

Firma del Post:

      • Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia.

Forman el Foro Ágora Salud:

      • Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.
      • Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.
      • Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.
      • Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.
      • José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.
      • Isabel González. Médica radióloga. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)
      • Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia.
      • Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el congreso de los diputados.
      • Pere Herrera de Pablo. Medico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.
      • Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del departamento de salud de Alcoy.
      • Juan Domene. Médico Inspector en el servicio de calidad asistencial y seguridad del paciente. Ha sido gerente del departamento de salud Arnau de VilanovaLliria.
      • Susana Hernández Campa. Enfermera y Técnico de Calidad.

 Ilustra el blog:

      • Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar.