Opinión · Crónicas insumisas

Venezuela, antesala hacia la guerra

Tica Font, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

La situación en Venezuela se complica día a día lo suficiente como para qué cada vez sea más plausible la implosión política y finalmente el conflicto acabe en guerra civil.
La sociedad está polarizada, lleva años dividida, desde antes de Hugo Chávez, lo que comporta dificultades para establecer mecanismos políticos de distensión, elementos que favorezcan el establecimiento de puntos de encuentro y abran una vía de concordia a la coexistencia entre los diversos proyectos políticos. Tantos años con la sociedad polarizada no se revierten fácilmente y puede agravarse la situación sí las que se presenten comportan salidas de vencedores y perdedores.

Cabe tener presente elementos internos y externos que condicionan la situación para buscar salidas. Internamente hay diversos elementos que hacen pensar que es posible la irrupción violencia armada en las calles, por una parte con Chávez se crearon unas milicias populares, que han recibido formación, adiestramiento en el uso de armas y están armadas. En estos momentos se calcula que hay millón y medio de personas armadas y Nicolás Maduro ha declarado que incrementará la cifra hasta los dos millones. Por otra parte, el ejército y la policía continúan siendo fieles al gobierno de Maduro. Por otro lado, el régimen actual ha puesto a los altos mandos militares a gestionar algunas grandes empresas que fueron nacionalizadas en época de Chávez, entre otras, la empresa pública de petróleos, y, en defensa de sus propios intereses, éstos muestran fidelidad al gobierno de Maduro.

La oposición venezolana y países como Estados Unidos están intentando dividir al ejército. Si el ejército se divide o una cifra considerable de militares se inclina por abandonar el régimen y apoyar a la oposición y sobreviene un alzamiento militar, Maduro puede incitar, como ha amenazado, la salida de las milicias a la calle, entonces la guerra civil estará servida.
Acabada la Guerra Fría, los vencedores de la misma impulsaron cambios de gobiernos que se resistían a las políticas de libre mercado y a los intereses de las empresas transnacionales, Afganistán, Irak o Libia, tres países en donde las presiones exteriores para favorecer cambios de gobierno acabaron en guerra y provocaron estados fallidos en donde hoy impera el desorden. ¿Acabará así Venezuela? ¿Es posible un cambio de gobierno/régimen sin violencia? ¿Maduro cederá el poder sin luchar? ¿Los militares lo dejaran caer? ¿A cambio de qué? ¿Las milicias saldrán a la calle si el ejército flaquea? O puede pasar como en Siria que se amenaza, se impulsa un cambio de gobierno que no se ha logrado y del cual al Asad ha salido reforzado. A todo ello hay que añadir los gestos beligerantes de EEUU como la nota en el cuaderno del extremista John Bolton del pasado 29 de enero que decía 5.000 militares a Colombia y las imágenes del jefe del Comando Sur, almirante Craig Faller visitando la zona fronteriza en Cúcuta, Colombia, donde sostuvo reuniones con miembros de las fuerzas armadas colombianas. Dos días antes allí mismo estuvo el comandante del Ejército Sur de EE.UU., general Mark Stammer.

Libia fue sometida a embargo de exportación de petróleo lo que derivó en una crisis económica muy dura sobre la población, pero Gadafi resistió y si cayó, fue porque hubo guerra civil y la comunidad internacional bombardeó el país situándose al lado de la oposición. Maduro hace la comparación de que su país puede volverse como un Vietnam, pero las sanciones y el embargo decretado pueden hacer que se parezca más a Irak.
Desde otra perspectiva Venezuela puede haber sido escogida por Trump como nuevo laboratorio de su política exterior frente a China y Rusia. La industria petrolera de Venezuela está gestionada por los militares y en los últimos años, debido a la falta de inversiones, la capacidad de extracción de petróleo ha caído en picado. Las únicas inversiones que se han llevado a cabo han sido con capital ruso y chino, que han concedido créditos al gobierno a cambio de activos petroleros. El propio Guaidó y algunos de sus colaboradores hablan de la necesidad de inversiones extranjeras para relanzar la industria de petróleo, incluso han asegurado a China y Rusia que ellos también se beneficiaran del cambio de gobierno, pero ninguno de estos dos países se fía de que un nuevo gobierno pro Estados Unidos revierta los contratos ya firmados con Chávez. Pekín muestra preocupación por el dinero que ha prestado y que podría ser que no lo recupere si hay cambio de gobierno.

En términos geopolíticos Maduro ha elaborado una estrategia política de confrontación y desafío a EE.UU., partiendo de la base de que vivimos en un mundo multipolar y que sus aliados eran Rusia y China. Pero la llegada de Donald Trump está dando un tumbo geopolítico relevante, está impulsando la consolidación de bloques regionales y el reparto de áreas de influencia. Por una parte la salida de tropas norteamericanas de Afganistán y de Siria deja el espacio de influencia de Oriente Medio a Rusia, las tensiones comerciales con China están reforzando la integración regional asiática. Estados Unidos a través del conflicto de Venezuela, avisa a rusos y chinos que América del Sur es territorio suyo. En este sentido Venezuela es un peón de la geoestrategia de Estados Unidos frete a Rusia y China.

Demasiada prisa se han tomado los gobiernos europeos en renunciar a las vías de negociación y en situarse al lado de Trump. La guerra civil es la peor de las soluciones para la población, si esta se produce, nuestros gobiernos tendrán su parte de responsabilidad.