Bandas sonoras

LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE

¿Lee con música de fondo? Unos lo hacen mecidos por sinfonías clásicas, otros al compás del rock más furibundo, los hay que no hacen remilgos a una radio fórmula respetuosa… No siempre las notas están en consonancia con lo que las letras cuentan, basta con que suenen, funcionan como telón aislante.

Mi espacio
Pero algunos libros tienen su propia música. En mi mesa de obras pendientes está Postales de invierno, de Ann Beattie (Libros del Asteroide), novela de la que espero que me devuelva a una época, los 70, y a un estado de ánimo: el de la juventud desencantada tras el hippie boom. Sé que el texto fue hilvanado con canciones que modelan situaciones, canciones que ya he podido escuchar gracias al editor que, imbuido de la cultura pop desde la que fueron escritas estas Postales, ha colgado en MySpace las canciones que leeré: las de Janis Joplin, Bob Dylan, Elvis Presley, Fred Astaire (¿sorprendidos?), Ry Cooder, Martha and the Vandellas, Beatles, Donovan, George Harrison (“My Sweet Lord”, claro), John Lenon, los Rolling…

Jazzuela
Decía Cortázar: “Sucede además que por el jazz salgo siempre a lo abierto, me libro del cangrejo de lo idéntico para ganar esponja y simultaneidad porosa”. Y es cierto que en muchos de sus trabajos encontramos referencias musicales, y que tantos de ellos tienen una cadencia puramente jazzística. Por eso, cuando hace tiempo encontré un disco llamado Jazzuela, no lo dudé. Es una compilación realizada (y contextualizada) por Pilar Peyrats Lasuén, 21 temas asociados a los 9 capítulos de Rayuela más íntimamente ligados al jazz y el blues. Podemos escucharlo sin más, porque es música de la buena. O buscar el libro y sumergirnos en él acompañados por Frank Trumbauer (capítulo 10, el primer track) o Tenderly (capítulo 18), también por Lionel Hampton, Coleman Hawkins, Dizzi Gilespie, Bessie Smith, Louis Amstrong, Duke Hellington o Earl Hines. Ni que decir tiene que la escucha de sus temas altera y enriquece la lectura de la “novela”.

Maridajes
Don Julio parece referencia ineludible en estas experiencias mixtas, su nombre aparece también en un proyecto de Alfabia ediciones, “Text-jockey”, que busca una fusión entre música y literatura, de manera similar al spoken word, con la intención –leo en su web– “de crear una suerte de libro sónico, un artefacto en el que la conjunción de palabras y paisajes acústicos, ritmos y atmósferas desemboque en una experiencia estética diferente, refrescante”. Con el propósito, añado yo, sacar a la luz la música que se esconde en el corazón de un libro.