Punto de Fisión

Quieto todo el mundo

Para celebrar la víspera del aniversario del 23-F, el PP ha dado un golpe de estado contra sí mismo. Ellos lo llamaron Comité Ejecutivo Nacional, un adjetivo empresarial y otro franquista para corregir el evidente tufo a comunismo que emana de la palabra "comité".

El comité, por otra parte, ha sido un rotundo éxito: en cuanto Mariano abrió la boca, la cerraron todos los demás. Por un momento parecía una de esas reuniones de los Tataglia y los Corleone, cuando se juntaban las cinco familias de Nueva York para discutir la pertinencia o impertinencia de extender el negocio del juego y la prostitución al ámbito de las drogas duras. "¡Pero no en los colegios!" decía uno de ellos, indignadísimo ante la raya criminal que estaban cruzando, lo mismo que los gerifaltes del PP cuando trinan como papagayos contra la plaga de corrupción política. "Es vomitivo" tronó Pablo Casado, el cuñado portavoz, como si cada delincuente que sale retratado en los periódicos (hay una media de uno al día) hubiera roto el carné del partido para afiliarse de inmediato a Podemos.

Fernández Díaz emergió una vez más de su clausura para constatar la extrañeza que le provoca el hecho de que todos los casos de corrupción que están surgiendo en los últimos días sean siempre de los suyos. En uno de sus monólogos de Interior ha hecho una reflexión en voz alta para animar a los jueces a investigar también a otros partidos, a ver si hay suerte y encuentran algún chorizo con el que los periodistas de la caverna puedan cubrir las portadas, a falta de reinas magas y de titiriteros etarras. De la policía, de la guardia civil y de la ETA, de momento, no ha dicho nada, que bastante tienen con lo suyo. De lo que no ha hablado el ministro (quizá sea secreto de confesión) es de que él recibió a uno de los imputados más gordos en su propio despacho.

Católicos hasta la médula, los populares se conocen de memoria aquel dicho evangélico de que tu mano diestra no sepa lo que hace la siniestra. Ellos, concretamente, no saben ni lo que hace su mano derecha; no tienen la menor idea de nada, ni de la Gürtel, ni de la Púnica, ni de la Taula, ni de las tarjetas black, ni de la destrucción de los discos duros de Bárcenas. Esta falta de coordinación manual sorprende mucho en una formación que cierra filas cual falange tebana ante cada ex ministro, alcalde o concejal caído en los titulares del oprobio. Siguiendo con el tono apostólico, Mariano clamó contra el pecado, aunque no tanto contra los pecadores. Más que nada porque el enunciado completo le podía llevar una semana y además la lista no para de crecer a cada telediario que pasa.

En la reunión hubo ausencias sonadas, empezando por Rita Barberá que está desaparecida en combate desde que cayó la cúpula valenciana. Por no aparecer, ni siquiera ha aparecido por el Senado -su refugio atómico personal-, aunque también es verdad que ni es la única ni se la echa de menos. En su defensa ha salido el siempre bien trajeado Francisco Camps, que hasta está empezando a dudar del estado de derecho y cualquier día se va la Puerta del Sol y monta otro 15-M pero con chaqueta y corbata. A Mariano, acostumbrado cualquier clase de chapapote -incluidos chapapotes fiscales y morales- la bazofia ya le llega a la barba, pero él sigue implacable su lucha contra la corrupción, enrocado en un código ético tan particular que dejaría bizco a Hammurabi.