Punto de Fisión

Del GAL al Daesh

La noticia de la detención de Daniel Fernández Aceña pasó un poco desapercibida teniendo en cuenta que los medios de desinformación ya estaban mirando para otro lado. Apenas han dicho nada sobre el rescate de más de cinco mil millones de euros que el gobierno ha puesto en marcha para salvar las maltrechas autopistas de peaje que un gobierno muy parecido entregó a sus amiguetes por cuatro perras. No hay dinero para las pensiones, ni para los colegios, ni para los hospitales, pero es que las autopistas quedaron hechas una mierda después de que los gestores de Sacyr y ACS las gestionaran de puta madre. Lo mismo se han cansado de jugar en ellas. Es el comunismo neoliberal del PP, el que rescata bancos en lugar de personas, el mismo que financia con dinero público los desastres privados de Florentino Pérez.

Daniel Fernández Aceña fue condenado a casi treinta años de cárcel por el asesinato del trabajador francés Jean Pierre Leiba en 1984. Leiba fue una de las muchas confusiones mortales de los GAL, una víctima colateral más de aquel terrorismo de estado tan criminal como chapucero que señalaba como etarra al primero que se tropezaban por la calle. Fernández Aceña era un joven de veintitantos años cuando recaló en un grupo ultra de Irún vinculado al cuartel de Intxaurrondo, ese criadero de asesinos que ha salido retratado en una miniserie de Tele5 con el nivel de un reality de Tele5. Allí, masticando el fascismo de cuartelillo del coronel Galindo (el Don Limpio de la lucha antiterrorista), Fernández Aceña hizo la licenciatura en armas y se graduó con el homicidio de un inocente. Ya en prisión, y por intermedio de su abogado, el inefable Rodríguez Menéndez, se metió en diversos chanchullos; ya estaba en libertad cuando fue acusado de recibir dinero para exculpar a Galindo, Barrionuevo y Vera de la complicidad en el asesinato de Santiago Brouard. "Ni hay pruebas ni las habrá" dijo con clarividente sintaxis Felipe González.

Con todo, la vida de Daniel Fernández Aceña acaba de dar un novedoso giro al conocerse que estaba preparándose para otro atentado terrorista, esta vez en nombre de la yihad islámica. Quizá no sea un giro tan novedoso, después de todo. Entre rejas, Fernández Aceña vio la luz de Alá y pasó de las alcachofas de Itxaurrondo a una dieta yihadista de infieles. En las redes sociales presumía de sus contactos con grupos terroristas, aplaudía los atentados de Francia y Bélgica, compartía videos de decapitaciones y aseguraba estar dispuesto para inmolarse a la menor oportunidad. A la guardia civil no le hizo falta más que sumar dos y dos. El resumen del año que le ha hecho facebook a este hombre tiene que ser la bomba.

Fernández Aceña es la demostración viviente de que la función crea el órgano. La ideología le da igual: lo que importa es ponerle una pegatina a la muerte. Su conversión al islam radical recuerda la metamorfosis de Pío Moa de comando del GRAPO a historiador franquista. Casi podría decirse que Fernández Aceña es Pío Mahoma. No tan sangrientas aunque no menos ridículas fueron las parábolas de Jiménez Losantos o César Alonso de los Ríos desde el maoísmo a la extrema derecha. Para ser radical a fondo nada mejor que saltar de un extremo al otro sin pasar por el centro.