Opinion · Punto de Fisión

La moto de Pedro Sánchez

¿Qué es robar un banco comparado con el Tribunal Supremo? El órgano máximo de la judicatura acaba de darle un nuevo empujón a la famosa máxima de Bertolt Brecht, según la cual todo lo que pueda extraer un ladrón de un banco siempre será en defensa propia y además tiene cien años de perdón. Hace unas semanas, el Supremo pegó un gatillazo espectacular tras follarse a la banca en una sentencia sobre el impuesto hipotecario. Fue un caso único tanto en la literatura médica como en la judicial, ya que había que rastrear con lupa para encontrar un caso semejante de gatillazo post-coitum, incluidas la retirada del semen a la bolsa escrotal y disculpas públicas al respetable que aquella noche llenaba la sala porno.

Fue Bismarck, el imponente canciller alemán, quien advirtió que nadie obedecería las leyes ni comería salchichas si supiera cómo se hacen unas y otras. Estas últimas semanas, el pueblo español no sólo ha tenido un atisbo demasiado explícito de cómo se cocinan los apaños judiciales sino que además ha visto a través de la rendija del dormitorio cómo se daba la vuelta a la tortilla y al final era la banca la que se follaba al Tribunal Supremo. Sin condón ni medidas de protección sexual ni métodos contraceptivos: a fondo, a pelo y hasta la última gota. Perdonen los detalles y las disculpas, pero así es la banca, digo, la vida.

Nada más conocerse la decisión, Pedro Sánchez anunció que arreglaría los desperfectos gracias a una maniobra inédita en la sala de máquinas: ya que el poder judicial se había atascado en plena jodienda, Sánchez, desde el timón del ejecutivo, bajará hasta la sentina del legislativo para hacer los arreglos pertinentes. Con lo fácil que sería eliminar el impuesto y agilizar los trámites hipotecarios al estilo sueco, tal y como sugería Rikard Anderson en este mismo diario, es decir, obligar al sector financiero a que cumpla su función social a la hora de conceder un préstamo. Sánchez, en cambio, en previsión de que la banca vuelva a cargar los costes a lomos del sufrido contribuyente, ya ha untado de vaselina su filípica apelando para que esto no suceda a “la responsabilidad del sector financiero”. Como siempre, el psocialismo en España consiste en vender una moto, descubrir los problemas treinta años tarde, señalarlos con mucho escándalo y dejarlos luego en el mismo sitio. El impuesto hipotecario es como el cadáver de Franco, putrefacto, maloliente e inamovible.

Sánchez es un tipo que sale indemne de cualquier batacazo, incluso apuñalamientos por la espalda, así que tampoco se espera que en esta ocasión se haga mucho daño. Ha subido a la palestra igual que Evel Knievel, aquel legendario motorista de acrobacias que saltaba por encima de ristras de automóviles, murallas de fuego, hileras de autobuses y piscinas llenas de tiburones. A lo largo de su dilatada carrera y a través de diversos y vistosos accidentes, se fue rompiendo la pelvis, el fémur, la cadera, el cúbito y el radio hasta acabar ingresando en el Libro Guiness de los Records como el hombre con más fracturas de hueso contabilizadas en el planeta: 433 para ser exactos. Knievel dijo una vez que cualquiera puede saltar con una moto, el problema llega a la hora del aterrizaje. Sus motocicletas no salieron tan bien paradas como él, pero tranquilos, que en este caso la moto somos nosotros.