Punto de Fisión

Es el primo el que elige el alcalde

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, asiste a la presentación de la XIII edición de Gastrofestival Madrid, este martes, en el Real Jardín Botánico de Madrid. EFE/ Juan Carlos Hidalgo

Es el primo el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los primos el alcalde. Esto no es ni por asomo lo que declaró este jueves en los juzgados Carlos Martínez-Almeida, primo del alcalde de Madrid, en relación al timo millonario de las mascarillas, pero podía haberlo sido. La declaración original fue mucho más larga y enrevesada, aunque al final sonaba parecido y venía a decir lo mismo. Básicamente, una conexión intercontinental entre una profesora, María Díaz de la Cebosa -presidenta de una universidad en Estados Unidos donde había estudiado Luis Medina-, el mismo Luis Medina, el primo del alcalde y la coordinadora general de la alcaldía de Madrid, Matilde García Duarte, también amiga del alcalde. De todo esto, faltaría más, el propio alcalde Almeida no se enteró de nada, porque para algo es el alcalde y además tenía a su primo.

En esta alambicada cadena de favores ninguno comprendió que Luis Medina y compañía iban a llevarse una tajada gorda, primero por el aspecto de filántropo que se gasta Luis Medina y segundo por la absoluta ingenuidad de todos los implicados, incapaces de imaginar que un tipo forrado de billetes de la cabeza a los pies y procedente de una de las familias más ilustres del país hubiese puesto en marcha aquel negocio únicamente para rebañar más dinero. Las cosas pasan o como dicen más precisamente allá en Estados Unidos, donde estudia esa gente de postín: "shit happens". En efecto, la mierda sucede y además sucede siempre a los mismos y de la misma manera. Que son aristócratas por algo.

Por ahí corre el rumor de que en España manejan el cotarro 20 o 30 familias, pero tampoco hay que pasarse: puede que sean menos. Si el primo del alcalde, sin ni siquiera avisar a su primo, organizó sin comerlo ni beberlo, sin pretenderlo siquiera, un tinglado acojonante que culminó en una estafa de doce millones de euros con ramificaciones en Extremo Oriente, imagínense la que se habría organizado de haberlo pretendido y de ser el hermano del alcalde en lugar del primo. O de haber sido el primo o el hermano de la presidenta de la Comunidad, que también cobró otra comisión de caerse de culo. En el PP al final todo se queda en la familia porque la familia no es lo primero sino lo único.

Es el primo el que elige el alcalde, está claro. Aquella fabulosa paradoja que formuló Mariano hace siete años sigue vigente hasta el punto de que ayer, en un juzgado de Madrid, supimos que no sólo es el alcalde el que quiere que sean los primos el alcalde sino que el alcalde también quiere que los primos hagan el primo para que no haga el primo el alcalde. Se burlaba Mariano esta misma semana de las invenciones absurdas del lenguaje inclusivo y no le falta razón porque él ya las había superado todas con las memeces de su lenguaje oclusivo y exclusivo. Mucho más explícito sigue resonando el silencio monumental de Almeida, al que sólo le falta salir a un balcón del ayuntamiento y repetir a los madrileños el discurso de Pepe Isbert en Bienvenido, Mr. Marshall: "Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar porque os la debo, como alcalde vuestro que soy". Etcétera.