Desenredando

Ser hija del camino

¿Se imaginan imaginarse ser de un lugar que ni siquiera han pisado?

¿Se imaginan imaginarse jugando estre árboles cuyo nombre desconocen o no pronuncian bien?

Estas dos preguntas encabezan el texto El derecho a volver y a quedarse, de Lucía Asué Mbomío Rubio. La periodista creó este texto para la presentación de su segundo libro, Hija del camino. César Brandon Ndjocu lo leyó y embelesó al público que asistió al acto en el Matadero de Madrid.

Hija del camino es el segundo libro de la periodista y autora Lucía Asué Mbomío Rubio, que se estrenó en 2017 con Las que se atrevieron. Ahora, en 2019, Mbomío nos deleita con su primera novela.

Voy a intentar hablar sobre lo que la lectura de Hija del camino ha supuesto para mí sin destripar el contenido del libro para que, cuando termines de leer este artículo, sientas la curiosidad de hacerte con él y leer la historia de Sandra.

El reflejo

Habrá quien piense que eso de identificarse con el o la protagonista de un libro no es nada del otro mundo. El tema es que esa identificación se complica más cuando eres una persona afrodescendiente nacida y/o criada en España, donde la mayoría de la producción literaria está creada por y para personas blancas. Aún así, si te apasiona la lectura, eres capaz de leer, identificarte y conectar con un sinfín de historias.

El día que empiezas a leer historias protagonizadas por personas negras (en mi caso, por mujeres negras), algo cambia, algo mejora. La conexión con las historias es todavía mayor. En el caso de Hija del camino, la conexión fue todavía más profunda.

La intensidad de la conexión con la novela de Mbomío se explica por el contexto, porque la protagonista es una afrodescendente de madre castellana y padre guineoecuatoriano.

Sandra es una mujer nacida y criada en Alcorcón a principios de los años 1980.  Yo jamás había podido leer en un libro la historia de una persona negra en el contexto español. Esto es importante porque la identificación cultural y memorística resulta entonces prácticamente idéntica.

En Hija del camino cobra mucha importancia, en todo el relato, la construcción identitaria de las personas que nos encontramos en un limbo. Qué implica nacer y ser en sociedades occidentales cuando nuestra ascendencia proviene de países de los que sabemos lo mucho o lo poco que nos han transmitido en el seno familiar y en los que a veces ni siquiera hemos estado.

La herencia

También es de relevancia hablar, y la novela lo hace, de la orfandad cultural a la que nos aboca haber nacido lejos de los países que abandonaron nuestra madre o nuestro padre, cuando no los dos. Una orfandad que, en muchos casos, obedece a la colonización. Un desarraigo forzado que hizo que  nuestros padres o madres (o ambxs) abrazaran la cultura del país occidental en el que se instalaron y por el que, conscientemente o no, decidieran romper con la transmisión de unas tradiciones que Occidente decidió que no valían lo suficiente.

Esa interrupción de la transmisión del legado nos deja, como digo, huérfanas a muchas personas nacidas en la diáspora.  Crecer con esas carencias es complicado. Implica formarse una identidad en un lugar en el que se te niega la pertenencia porque se asume que eres de una tierra que en muchos casos solo conoces a través de fotos en blanco y negro y de relatos traspasados en el seno de la familia.

La identidad

Hija del camino también es una historia de sanación. Me ha permitido entender que la búsqueda de mi identidad como afrodescendiente es precisamente eso, un camino como lo es la vida.

Porque otra cosa que también he aprendido leyendo la historia de Sandra es que la identidad es una construcción contextual y personal, y que cada cual la construye como quiere o puede.

Hija del camino deja claro que ver nuestra historia en la literatura es de suma importancia, sobre todo cuando se nos ha inculcado que nuestras historias no cuentan. Por eso, tal y como dice su autora, es de vital imporancia tener claro que "si no nos contamos, nos traicionamos".

Con este libro, Lucía Asué Mbomío ha otorgado reconocimiento a nuestras historias, las historias de las personas nacidas en la diáspora. La historia de las personas que vivimos entre dos tierras o más, sintiendo que somos parte de todas ellas o de ninguna.