Opinion · Dominio público

Cerca de casa

Una pareja en la concentración del 15-M de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid. REUTERS/Juan Medina
Una pareja en la concentración del 15-M de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid. REUTERS/Juan Medina

Rafa es el primer amigo que me encontré después de enterarme que había acuerdo de gobierno. Me dio un abrazo diciendo “el 15-M por fin ha dado resultado”. La verdad es que acostumbrado a mirar la coyuntura política no se me había ocurrido levantar la mirada.

Han pasado más de ocho años desde que salimos a las plazas. En ese momento había, un ambiente social especial que mezclaba la indignación con la esperanza y la fraternidad; una euforia difícil de definir. También había una idea de fondo, llegar a detentar poder para cambiar las cosas. Era el “sí se puede”.

En este tiempo han pasado muchas cosas. Entramos a la crisis con un problema económico-financiero que había extremado la desigualdad y salimos con a emergencia climática en el centro que también extrema la desigualdad. No es sólo ya un problema de redistribución de riqueza –que también-, sino de tener futuro o no, de sobrevivir o desaparecer. Hay que cambiar pautas de consumo, cambiar el modelo energético, rehabilitar nuestras viviendas y cambiar  la movilidad. Hay que abordar la fiscalidad, el empleo y el acceso a las rentas. Además, en estos años el feminismo se ha elevado como gran revolución que lo inunda todo. Es un cambio estructural, el momento de orientar por donde va a ir la sociedad en los próximos 20 años.

El 15-M llevó a la aparición de Podemos y el espacio del cambio. Más pluralidad social, más pluralidad política. El crecimiento de Podemos tampoco ha sido sencillo, ni ha estado exento de problemas y dolor. Se de lo que hablo. La idea inicial, en momentos de euforia, ha perdido novedad pero se ha hecho herramienta.

El día de reflexión mi amiga Rosa dudaba si votar. Me decía que ella había votado con ilusión en 2014 porque había encontrado a quien daba respuesta a todas sus expectativas, pero que ahora no lo tenía claro. Nadie puede cubrir todas tus expectativas. Ningún transporte público te deja en la puerta de tu casa. En los momentos de euforia llegas a tener la percepción de que alguien te acompaña hasta el portal, sube contigo la escalera y te abre la puerta. Pero eso no es así, hay que coger el transporte que te deja más cerca de tu casa, más lejos pero cuesta abajo o por recorridos con más luz en tiempo donde amenaza la oscuridad.  Me consta que votó.

Pienso en cómo me imaginaba que sería el cambio cuando iba a Sol en 2011 y cómo lo veo hoy. Con todas las dificultades, problemas y jirones dejados por el camino el  acuerdo de gobierno  ha conseguido mucho. Una coalición progresista impensable hace diez años, una agenda de social de cambio y un país que se ha politizado y que vota y debate. Permite cerrar un ciclo electoral hecho de relatos y  lemas y abrir otro que tiene que hacerse de políticas públicas que incidan directamente en la desigualdad, la emergencia climática y los derechos. Es el momento de la innovación en políticas públicas. Un camino que ya han emprendido muchos ayuntamientos y gobiernos autonómicos.

Ya no está la euforia del 15-M y la novedad ya no es novedad, pero hay un cambio. Seguramente no es como me lo imaginaba en 2011, pero es. El acuerdo de gobierno entre Podemos y PSOE permite volver a poder imaginar el futuro. Hay que estar pendientes de cómo se profundiza, pero creo que nos deja cerca de casa.